Fragmentos de tiempo

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Verte deslizar el tiempo a mi lado

perdida en un mar de datos.

Ser testigo de tu ausencia impersonada,

del frágil sentir de tu tecleo,

del endeble valor de nuestro sueldo.

 

Para no sucumbir, te invento en nieblas

desde los deseos de tactos trashumantes.

Y, cuando suene un quedo eco de tu agenda,

compartiré cada hueco que te sobre

en esta sociedad acelerada.

 

Valdrá la pena por sentir que aún somos parte

el uno del otro, aunque seamos

automatismos de algo que nos sobrepasa;

algo en que lo material lo copa todo e importa nada.

 

En éste que es tu mundo y no es mi mundo

en el que tornados de carreras nos invaden,

aún me queda algo valioso que entregarte:

Mi fragmento de segundo en tu segundo.

Amor, espinillas y “mamá Naturaleza te lo da”

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Cuando le quitó la camisa y descubrió que todos los granos de su espalda estaban reventados, lo dejó porque supo que había estado con otra. Él tenía gotelé en las paredes de su habitación.

No seré cobarde

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No seré un cobarde

de esos que viven de apetitos

en presentes subjuntivos

entre fobia y necedad.

 

De esos que plañen

sin que afloren en sus ojos

mimbres estabilizadores

que emparejen con el mar,

 

quejumbrosos de todo

y toreros tras la barrera,

velos de luto aceptado,

entrenadores de sofá.

 

De esos que rabian

a la espalda, ¡y aun traicionan!,

oficiales de Viriato,

Judas entre las tramoyas.

 

De esos que hundidos

en las simas más profundas

aún se yerguen fingidores

impostando orgullo.

 

No cambiaré mi dignidad por praxis,

me niego a revivir anhelos

me niego a buscar consuelo

en la tranquilidad de claudicar.

 

No habrá guerra que no luche,

no habrá asignación que firme

ni habrá paz que yo acepte

por obviar mi terquedad

 

No aceptaré jamás ser medio

ni palabra que valga menos

que el objeto por que se me toma.

Podéis llamarme contumaz.

Un silencio en voz alta


¿Cuánto más turba

cuanto masturba,

que es como joder en un solo sentido,

que aquello que deja intocado?

Es dueño de la callada quien fuera atacado

por haberse defendido

incluso fuera de su turno.

 

Quien alzara campanas al vuelo

ante la justa defensa,

alegará en vano, y no es sano,

porque el vacío le hará respuesta.

¿Quién en su salvo juicio

buscaría entre los resquicios

de a quien acusa de impericia

la mano que le rascara?

 

Quien, entonces, aparezca a pulir un poco

la defensa hecha a pelo

tendrá ración doble de anonimato,

pues realzará cada letra

que su polución perpetra

dándole brillo con su ornato.

Ante su ariete de ofensas, de silencio harán acopio.

Y se regodearán.

Hay quien ve la paja en el ojo ajeno

y no el bukake en el propio.

Hechicería inglesa

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Alatazar sellado

 

Translation (although probaby lost in translation)

Title: “English sorcery”

First panel:

-Come on, Alatazar!

I cannot hold them longer

Cast a spell!

-I cannot, I am sealed!

 

Second panel:

Ok, it sounded funnier in English .

Insomnio

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No duermo en las noches.

No hay metáfora; ni ausencia de sueño

que valga la pena.

 

No duermo en las noches.

No es un quién cuyo canto de carne desvela

la sangre en mis venas.

 

No duermo en las noches

¡Maldita condena! Los ojos hinchados

sin lágrimas secas.

 

No duermo en las noches.

Y eso es todo. El día siempre madruga

¡joder qué faena!

 

No duermo en las noches.

No duermo.

Y el lunes ya llega.

Cuando desmontar el paradigma es insuficiente

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Si quisiéramos proponer una definición de ciencia como disciplina basada en la observación y el razonamiento, la descripción más precisa que me viene a la mente es que la Ciencia es el método cuyo fin es resolver problemas. El método es una premisa inapelable, si no hay método, no hay ciencia en este sentido. Podemos explicar un hecho ya sucedido y, con él, cuestionarnos por qué aconteció y contrastarlo. Pero la explicación de lo sucedido no es ciencia. Podemos realizar una prospección en un terreno desconocido para alimentar nuestra intuición y, posteriormente, realizar una presunción que corroborar. Pero esa prospección no es ciencia. Podemos mezclar reactivos en un laboratorio y sorprendernos de las consecuencias, pero tampoco es ciencia. En todos estos ejemplos, para poder alcanzar un estatus de ciencia necesitamos una pregunta que pueda ser respondida cuando tratemos de repetir lo explicado. Lo acontecido nos da una idea de qué es lo interesante y, junto con la prospección, nos ha dado una pregunta que contestar y las variables que debemos valorar. La pregunta debemos responderla a través de la experimentación, en el sentido más amplio que queramos aportarle a esta palabra. Pero en todo esto, la clave reside en que la pregunta pueda ser falsable, es decir, que aceptemos que la hipótesis puede ser rechazada de acuerdo con nuestras observaciones. Cualquier otro tipo de ciencia nos remitiría a la concepción griega de ciencia ametódica, de acumulación de conocimientos transmisibles pero no cuestionables desde un punto de vista empírico.

Este tipo de ciencia a la que nos referimos es la representante más clara del empirismo actual, es la forma más aceptada de conocimiento y la única que tiene el respaldo prácticamente absoluto de la comunidad científica y de gran parte del resto de la sociedad. No obstante, como sistema humano, tiene una serie de limitaciones. De la propia definición podemos derivar el primer problema, que la ciencia no pretende establecer nuevo conocimiento sino dar una solución a una pregunta, la hipótesis. No puede generar un conocimiento nuevo, sino que construye sobre los conceptos que previamente poseemos para dar una respuesta. Difícilmente obtendremos una revolución en nuestra comprensión a través de negar enunciados aislados y la acumulación de pequeñas hipótesis probables sólo nos sirve de premisas débiles de las que obtener conclusiones que sirven de premisas, a su vez, de otras conclusiones cada vez más endebles. Pero no es éste el problema más grave de la Ciencia, pues con sólo aceptar esta limitación dejaría de serlo, aunque a cambio perdiera cierto valor epistémico. Sigue leyendo

Canción de tierra adentro

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A los que somos de tierra adentro,

el instinto no nos echa al mar.

A los que somos de tierra adentro,

nos gusta andar, no nadar.

 

A los que somos de tierra adentro,

se nos rompe nuestro hogar

[cuando no tenemos claro

dónde nos lleva el caminar (bis)].

 

Somos exilio ilustrado

de un país cuyo radar

considera anomalía

a quien quiere destacar.

 

Nos hacemos cada vez más cínicos,

más eclécticos y más tristes,

[sabemos que son molinos

(pero) cargamos con la lanza en ristre (bis)].

 

La estaca estaba podrida

y sigue anclada en el altar…

¿si no tiramos ahora,

por cuánto va a perdurar?

 

Es la ley de la palanca,

cuanto más lejos más fuerza habrá;

[tú empújala desde adentro,

yo jalo desde ultramar (bis)].

Ni en uno

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Vengo de un hombre joven pero inmóvil, enfermo de pereza; vago, apoltronado.

Un hombre lleno de posibilidades pero también de energía inerte y estéril.

No me he dado cuenta hasta que he regresado con un hombre viejo y cansado.

Un hombre que fuma de puro nerviosismo y costumbre, con un cigarro perenne entre sus dedos huesudos.

Un hombre que bebe a diario pero no lo reconoce, o no le da importancia.

Un hombre que desde a la mañana a la noche tose, arrancándose todo, pero tapándose la boca con un pañuelo,

ese mismo hombre que después carraspeará con fuerza y escupirá al suelo sin ningún pudor.

Éste era el hombre viejo y no te das cuenta hasta que lo ves con tus propios ojos.

Ves su casa, cuidada y limpia, llena de hermosos trastos inútiles, de batallitas, de colecciones, cubierta por una pátina de polvo que le da y no le quita.

Cuando me vaya, y sepa que ya no le veo, este hombre viejo llorará porque su corazón ya no está para echar de menos, sino para vivir tranquilo.

Y, cuando yo sepa que no me ve, también lloraré, porque sé que ésa será la última vez que le veo tan bien. Sigue leyendo