Ay, Rosa


¡Ay, rosa!

Insípida rosa.

Cada día tan perfecta.

Compuesta de pétalos tallados

con mano de artista

en un laberinto espiral

y quien llega a tu final

no encuentra ninguna arista.

Me aburres, rosa.

 

Me aburres, rosa.

Me aburre tu ritmo intestino,

me aburre saber tu opinión

antes de compartirte el hito;

tu popurrí de perfume redondo

¡y hasta se te puede comer!

Rosa eres tan perfecta

Me quedo con el clavel.

 

Me quedo con el clavel.

No hace gala ni se achanta,

tiene néctar y belleza,

pero sus bordes en greca

y, a quien se atreva a morderlo,

le aguarda regusto a hiel.

 

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Papenfuss, “Historia de un relato”

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Uno de mis relatos fue publicado en la revista Papenfuss. Pueden verlo online en el siguiente enlace:

https://papenfusslarevista.files.wordpress.com/2019/05/papenfuss-11.pdf

La virtud de la ignorancia

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-¿Qué es el fenestro, abuelo?
-Oh, ¡el fenestro! Es una planta para infusiones. Nadie aquí lo sabe a ciencia cierta, pero sí sé de dónde viene esa palabra.
-¿De dónde, abuelito?
-Hace algunos años, había unos extranjeros que sellaban la paz compartiendo una bebida con sus enemigos. Pues esos extranjeros llegaron a nuestra tierra y guerrearon contra nosotros. La pelea parecía equilibrada y sin ningún beneficio, así que el jefe del pueblo me envió como heraldo para pactar la paz con el líder enemigo. Ellos deseaban la paz también, así que en seguida me ofrecieron dos bebidas para que escogiera. El líder me dijo: o tomas café conmigo o té de fenestro. Como no sabía si me gustaría, y para no mostrar mi ignorancia, decidí que tomaría café.
-¿Y no viste el fenestro?
-No, él también tomó café.
Mientras tanto, a 300 km de distancia otro abuelo conversa con su nieto:
-Normal que no pudiéramos vencerlos. Ese pueblo tiene muchos redaños.
-¿A qué te refieres?
-Amenacé abiertamente con matar a su enviado y acabó imponiéndome sus términos para la paz.
-Quizá fuera por su té de fenestro. Dicen que tiene propiedades mágicas.

Sjisma, el duodécimo. Tres hermanos para un reino

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Sjisma, el duodécimo. Parte I

https://khajinecia.wordpress.com/2015/01/21/sjisma-el-duodecimo-capitulo-1-un-encapuchado-para-una-mision/

Sjisma, el duodécimo. Parte II

https://khajinecia.wordpress.com/2015/02/09/sjisma-el-duodecimo-dos-hermanos-para-una-profecia/

 

Capítulo 3. Tres hermanos para un reino.

–Arena –golpearon la puerta con mucha violencia–. ¡Arena! Por favor, ábrenos.

–Voy, voy –respondió desde detrás de la puerta. Desde la visita de Balgan siempre atrancaba la puerta por miedo a las represalias que, sabía, llegarían en algún momento.

Ya había enviado lejos a todos los hijos que no estaban casados salvo a Kogoll, el décimo hijo. Era una ayuda indispensable en las tareas del campo y, además, era lo suficientemente rápido y astuto para escabullirse de los soldados que vinieran a matarla. Pero esta visita no era de soldados, el asunto parecía tener urgencia de otro carácter.

–Arena, por los cuatro Cardinales, ¡es Marea!

Apartó la tranca y abrió la puerta de par en par.

–A ver, ¿qué pasa?

–Se está muriendo –respondió el hombre, desesperado.

–¿Dónde está?

–En el carro, ven.

Como bien había dicho su esposo, la joven de veinte años se encontraba tumbada sobre un montón de paja en la parte trasera de un carro de bueyes. Se retorcía de dolor y se llevaba la mano al vientre, que estaba un poco abultado.

–Es el niño, quiere llevarme con él, madre –lloriqueó Marea.

–Ayúdame a meterla en casa –dijo Arena, refiriéndose a su yerno.

El hombre tomó a Marea en sus brazos con sumo cuidado y la introdujo en la casa, tumbándola sobre una esterilla en mitad de la sala principal. Arena se arrodilló junto a ella y comenzó a palparle el vientre. Primero sobre los ovarios y posteriormente fue recorriendo toda la zona del bajo vientre por toda la zona superior de la vagina. Finalmente, encontró encima de la matriz el foco del dolor.

–Es un aborto. El niño nacerá muerto y se llevará a Marea con él si no hacemos algo.

–¿Hay algo que podamos hacer?

–Lo hay. Conozco una tisana que ayudará a expulsar el embrión sin causar más daño a la madre. Tengo todo lo necesario en casa salvo el láudano.

–¿Esa hierba no está prohibida?

–¿Quieres que se muera? Ve a conseguirla. La anciana Ajur te dará lo que necesites, dile que te envío yo.

El hombre, aunque medroso, fue eficiente y al rato apareció con tintura de láudano.

–Sólo la tenía así –se excusó.

–Así es como la necesito –todos en el pueblo sabían que la vieja provocaba abortos y la operación que iba a realizar Arena era muy similar.

–¿Cuántas veces has hecho esto?

–He tenido tres abortos naturales. Ajur me salvó del primero, los otros dos yo ya sabía cómo curármelos. ¡Kogoll! Tráeme trapos calientes para tu hermana.

Sjism

Volver

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Volví buscando una última oportunidad de serte fiel,

de agradecerte

y de besar tu cuerpo.

 

Volví olvidando cuanto prometiste y no cumpliste,

con el corazón y los ojos vendados,

inocentes.

 

Volví obviando que ya podías ser de alguien,

o de otro,

o de muchos.

 

Volví olvidando que he vivido sin ti,

y tú sin mí,

y no nos hemos hecho falta.

 

Pero volví, y volví con esperanza de ser tan tuyo como antes

y de que tú fueras tan mía.

 

Volví anhelando el aliento y vaho de tus mañanas

y el calor con que enfriabas cada noche.

 

Volví

y no pensé en que, si volvía, habríamos pasado mil noches solos del otro.

 

Volví

y no pude imaginar no estremecerme

si en cada minuto no se negaba tu ausencia.

Por eso, volví.

 

Pero volví y tú nunca apareciste.

Apareció de ti sólo una sombra,

un humo de huellas frente a mí que me atizaban.

Tu ausencia fue patente en cada gesto y

agitó el hambre que de ti me consumía.

 

Volví y, continuamente, me afirmaste

que seguías siendo igual que en mi partida.

Con luces tan brillantes que cegaban

y ocultaban tu camino ante mis vista.

 

Volví pensando en entregarme entre estos versos,

pero un pálpito pasado repetía

que la realidad no tiene sitio en el recuerdo,

que sólo en sueños de locura aún eres mía.

 

Y a tu sombra no le debo ni un mal beso.

A tus huellas no le sigo yo los pasos.

A tu ausencia no le adeudo ni estos versos.

¡Creyendo que soy tan tuyo y tú tan mía!,

pero de ti, Madrid, queda en mí sólo un retazo.

A Franco que ni lo muevan (que huele)

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A Franco que ni lo muevan (que huele),

Hernando Cosí

 

Hay que desenterrarlo. Hay que llevarlo a una fosa común. Hay que quemarlo. Ponerlo en cal. Mancillarlo. Profanarlo. Necrofilizarlo un poco, si aún sigue teniendo carne, aunque sea por el agujero de un gusano. Porque hizo lo mismo. Porque no merece un monumento. Igual que quitamos placas y estatuas de las calles. Memoria histriónica.

No, mira no. A Franco hay que dejarlo tranquilo. Su cadáver no representa ninguna amenaza salvo en las fantasías de George A. Romero. Lo que se debe impedir son las consecuencias de su tufo.

Por ejemplo, ejemplo que por otro lado no comparto, podría prohibirse su enseña. Cualquier exhibición de la bandera con el águila sería un delito. Podría prohibirse su celebración cada 20 de noviembre y las manifestaciones consecuentes. Podrían retirarse fotografías suyas de lugares públicos. Aunque sería darle la virtud de la clandestinidad, parafraseando libremente a Chomsky.

Por ejemplo, ejemplo que sí comparto, podría quitarse el reconocimiento, y las subvenciones, a instituciones que todavía siguen existiendo, como la fundación Francisco Franco. Podrían retirarse títulos nobiliarios autoconcedidos. Podría inhabilitarse a los hijos de sus ministros y juzgar como criminales a los colaboradores que aún sigan vivos. Podría realizarse un juicio a su persona, cuarenta años tarde, en el que se declare su culpabilidad por todos los crímenes de lesa humanidad que cometió. Dejarle el sambenito del rechazo actual para tiempos venideros. Eso sí tendría sentido.

Franco es una figura histórica clave para comprender el devenir de España. Para entender la integración de ésta en la Unión Europea; para saber por qué se adoptó la LOGSE y España se convirtió en el primer país en tratar de poner en funcionamiento el Informe DELORS; para hallar la lógica de los posicionamientos radicales en temas tan pueriles como el fútbol y la influencia de éste en la política y viceversa; para explicar ese olor rancio de algunos bares, la glorificación de los toreros, el odio a la inmigración y a la cultura moderna, pero también para entender la reaccionaria postura de los quincedemayistas, las reclamaciones feministas, el fin de la ETA (y su comienzo) y el rechazo general a la violencia por parte de los ciudadanos: el español, difícilmente, pasa a las manos. Con Franco, se explica el bajo índice de asesinatos de cualquier clase que hay en España si lo comparas con otros países de nuestro entorno (nos hartamos). Franco es necesario para entender por qué algunas abuelas aplauden el tatuaje o el piercing de sus nietas mientras las madres se llevan las manos a la cabeza, para la libertad sexual del Madrid de los años 80, para el éxito sempiterno del Gran Hermano y para la doble moral católica-libertaria. También para la cultura del Marca y un largo etcétera.

Desenterrar a Franco y humillarlo es rascar con uñas negras en una herida mal cicatrizada, pero cicatrizada. Es exponerla a que se infecte y a que verdaderamente se convierta en un problema. Si se va a hacer contra el icono, debe hacerse en condiciones. Desenterrarlo es la menor de las preocupaciones. Y, desde un punto de vista simbólico, habla más de nuestra incultura que de un resarcimiento.

“Es que utilizó prisioneros políticos en el Bache de los Caídos”. Nadie desentierra a Keops por usar siervos. “Es que mató gente y la dejó en las cunetas”. Malditas razias de Eduardo el príncipe Negro. “Impuso una religión obligatoria y un estado a su servicio”. Constantino I jamás se lo perdonará, Carmena, jamás. “Fue un gobernante que atrasó el avance de una España que comenzaba a ser moderna en los años 30”. Cuando Fernando VII usaba paletó (y siguen sus estatuas)…

Sin Franco, España no sería lo que es ahora. Para bien y para mal. Es una figura histórica esencial y ocultarlo es un allanamiento a la cultura y al conocimiento histórico. La vista hacia el progreso se debe hacer hacia delante, partiendo de lo que tiene sentido en el presente. Obviamente, sin olvidar lo que pasó, pero sin gestos a la galería. Y, por ello, para encontrar la explicación al lío montado alrededor de Franco, como casi siempre que se acentúa una noticia, hay que echar una ojeada alrededor y ver qué trata de ocultarse. Abran los ojos.