Reseñables 2

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Esta vez va de series, para entretener su cuarentena. Primero les pondré un pequeño resumen y, a continuación, las razones por las que no deben perdérsela:

 

The Sotiety (“Sociedad de saciedad” en España; “Peces gordos” en Latinoamérica)

Directores: Ian Slim, Joe Gordon.

Carlos acude por primera vez a un club de comedores compulsivos aconsejado por su amiga Ana, a la que acude aterrorizado tras enterarse de que fue la diabetes la que mató a su padre. Sin embargo, no todo irá como preveía. En lugar de odiar comer, con sus nuevos amigos, superará el miedo a la muerte. Sumérgete en la aventura del comer. Simplemente deliciosa.

 

De regalo:

High Satiety (“Alta saciedad”, en España; “Sabores de los ricos” en Latinoamérica)

Directores: Ian Slim, Joe Gordon.

La segunda y última temporada de “The Sotiety” da un salto cualitativo y nos cuenta el asalto al poder por parte de los miembros del club. Al grito de “cómete el mundo”, consiguen crear una revolución pacífica contra el status quo. Los programas de prevención de la diabetes y de fomento del deporte son anulados por el “lobby obeso” y pasan a ser considerados como ofensivos. De bocado en bocado, van devorando a cualquier rival que se les ponga por delante, desde el pequeño gimnasio de la esquina hasta las grandes clínicas de rehabilitación para la obesidad. Sus razonamientos son tan obvios que caen por su propio peso.

¿Por qué verla? Aunque habría mil argumentos, el definitivo, para mí, está en el que considero que es clímax en la segunda temporada (Capítulo 6). Atención al “spoiler”. Ana, al dejar de ser exigida por los cánones de belleza y superar con ello su trastorno de ansiedad, comienza a adelgazar de forma natural. Como Carlos no quiere que se convierta en una marginada social, la obliga a seguir una dieta de engorde. La presión para comer genera en ella tanta ansiedad que vuelve a recaer en el trastorno que la hizo obesa. En el último momento del capítulo, cuando se está votando su exclusión de la High Satiety, aparece oronda y cubierta de mantequilla de los pies a la cabeza. Un giro brillante.

 

 

La luz en la prisión

Dirección: Blanca Lamar. Guión: María Elfavor.

Marco es un psiquiatra que lleva veinte años encerrado en su casa en el pueblo. No ejerce porque se negó a hacer su juramento hipocrático y vive de lo que gana publicando libros de interacción social. Los vecinos sólo lo conocen de las juntas, y sólo le hablan para exigir pagos. Con la llegada de COVID-19 y una desafortunada casualidad, todo el pueblo se entera de sus estudios y se le obliga a atender pacientes. Durante la primera y única temporada, veremos su continuo intento de evadir a los otros habitantes mientras trata de encontrar una vía de escape del pueblo.

¿Por qué verla? Blanca Lamar crea una comedia profundamente oscura en la que la única persona que desea el aislamiento se le obliga a una interacción continua con gente a la que no quiere ver ni en pintura. Juega con la empatía para mostrar al doctor como el victimario cuando todo lo que desea es que la gente siga las indicaciones generales y le dejen vivir tranquilo. Su ritmo, acelerado e inquietante, esconde una profunda sátira sobre el control social. No dejes que se esconda: ¡oblígala a salir!

Obituario (adiós)

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Titilan las últimas gotas del rocío;

la cara de la posguerra se perfila

como flor de un invierno y se marchita.

El llanto en hospitales siempre es frío.

 

Titilaba en espiral la misma muerte,

se acercaba paso a paso hacia su sino.

Se disfrazaba de esperanza ante los tibios

¡al cabo todos correrán la misma suerte!

 

Titila aún un amor nunca entregado,

brillante en la frialdad de algunos ojos.

Hay quien para entregarlo enfrentó abrojos

y le hizo mofa el destino con su hado.

 

Titilará eternamente una despedida inconcretada

pendiente sobre la sociedad de la paradoja;

tanta comunicación para estar al final a solas

mientras se apaga un monitor en la distancia.

 

Titilan al caer hacia el olvido

estas palabras cuyo destinatario encontró alivio.

Aunque el llanto se congele en hospitales,

hoy, veintiséis de marzo no hace frío.

 

De envidias parcas

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Dicen que el primer paso es reconocer:

reconozco que odio tu poesía,

que tus ideas me precedan,

que se adelanten a las mías.

Por eso te supero.

 

No es la distancia, nimia, ¡son los tiempos!:

odio que medres cuando me he estancado,

que obtengas mejores rimas,

que tus ritmos fluyan libres, como inertes,

 

Lo odio porque significa un doble fracaso:

hago poesía como un canto a mi reflejo,

para ellos siempre; siempre para mí,

para que hagan de espejo de mi ego.

 

Y, en esos momentos, te robo.

 

Te robo vilmente y sin cargo de conciencia.

Porque no son tuyos esos versos sino míos,

sólo Cronos decidió de forma artera

que llegaran hasta ti adelantados.

 

Robo tus ideas, cuando son buenas

me las apropio y las ultrajo.

Disfruto pensando en cómo se descarnan tus versos.

Cómo se deshebran de ti hasta ser vacíos.

 

Y les doy nueva forma con mi enfoque.

Más precisos, elegantes,

con más gracia (en mi verdad);

la belleza no es sujeta a democracia.

 

Y sí, obviamente, me recreo en tus fracasos,

tan frecuentes como los míos pero menos dañinos

porque no afectan ni a mí ni al arte

y somos uno solo en este juicio.

 

En ocasiones, alguna de tus rimas me recuerda

a otras que exhibí anteriormente;

¡con razón, y es porque aprecias mi talento!

Tan carente andas que le copias al maestro.

 

Y otras veces, te espío y veo que has repetido un verso

que quizá habías olvidado

y que tengo bien presente. Igual que yo, pero peor.

Siempre peor.

 

Porque sólo tienes genio cuando copias mi futuro.

Y nada más.

Si no eres lo mío, no eres bueno

Dr. Esqueletic/Dra. Terror (bodas de Plata)

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Esto significa un autohomenaje. Hace 25 años que escribí la primera viñeta de este par… Y, remasterizándolo con una breve precuela… ¿por qué acabaron trabajando juntos?

Ya saben: “Doctor Esqueletic. Doctora. Terror. Eran malos solos, imagínate los dos”.

Puede que ésta fuera mi primera poesía, también.

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