Olas

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Ay, de mi ola,

tan volitiva, tan ávida;

con sus idas y vueltas,

con su lata inconstancia.

 

Ya todos aceptan

que quiere cambiar

una vida de sal

por un nicho de arena;

 

jugar a empezar

bajo el sol implacable

una efervescencia de sentido fugaz

convertida en condena.

 

Y transformarse en vapor,

y perderse en el viento,

aunque no deje huella.

 

Frente a este efímero yo,

actúo para representar

una roca de sal imperecedera;

 

le postulo constancia.

Le digo que también fui ese mar,

y también me asfixiaba,

y agité mis mareas.

 

Pero no soy agua brava

y de aquel pretérito

quedan sólo resacas.

Y no se las cree

 

porque no las ha visto,

porque ya las controlo.

Y la dejo romper en las rocas

y saltar en rocío.

 

Ay, de mi ola,

la veo romper y empezar a bullir.

Mientras, alboroto los fondos.

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Historia de un relato

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Cuando escribí el cuento sobre un funcionariado oculto del Estado no pensé que fuera a tener tanta repercusión. Me hizo gracia imaginar un aparato de captación de talentos por parte del poder más allá de los cuerpos de espionaje que proponen tantas y tantas novelas. Prefería un esquema más sutil.

El uso de espías puede parecer poco explícito pero, al cabo, son fuerzas que usan la violencia de forma directa, aunque sus golpes no estén a la vista. Un relato de este tipo puede intrigarte si está bien escrito, pero nada más. Yo quería escribir algo que causara verdadero pavor, aunque los primeros que lo leyeron decían que carecía de fuerza. Al parecer, un escritor o un periodista al servicio del estado no son suficientes para causar pánico. Quizá yo no comparta las formas de mis miedos con el resto de la población.

Mis amigos me dijeron que faltaba una amenaza directa, sangre o presión psicológica. Eso a mí no me causa miedo. Un muerto está muerto y tres personas paralizadas por un psicópata, al final, son sólo tres personas asustadas. Eso no es miedo, es empatía.

Miedo es pensar que, al menos, somos libres en nuestra forma de pensar y que no lo seamos. O que nos permitan ser rebeldes dentro de una jaula ideológica establecida. Que haya gente formada explícitamente para generar polémicas autoconclusivas que nunca lleven a ningún fin. O generar un grupo de escritores de best-sellers con contenido vacío, para que la gente, simplemente, lea sin pensar. Eso, para mí, es miedo.

Sin embargo, los editores parecían compartir la idea de mis allegados y rechazaron publicar mi relato. Alegaban que no se iba a vender. Yo insistí, rebajando mi caché. Fui rechazado con malas formas, como si fuera un escritor novel.

Resuelto a que lo leyera alguien, lo presenté a varios concursos, pero no recibí respuesta alguna. Finalmente, me llegó a casa la citación y me trajeron aquí. Al parecer, a alguien le gustó el contenido de mi cuento y me han ofrecido un empleo fijo. Mañana daré el discurso de apertura del primer curso de la UIE: la Universidad Interna del Estado.

Rock I

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(piano, tempo andante)

Caminando en espiral.

¡Cada paso se evapora!

Y adolece de señal

que le muestre un nuevo ahora.

 

De este rito sin final

sólo escapa quien se inmola,

quiebra el ciclo al claudicar

proclamando en buena hora

 

(forte, tempo andante)

Que no quiere sufrir más,

no le importa si estás sola;

si quien te ama de verdad

hace fila en otras colas;

 

que no gozará tu mal,

pero que tampoco importa;

que si te mueres de sed

bebas de otra pirindola.

 

(piano, andante)

Hubo un tiempo diferente

en que afanabais las horas,

en que evitabais la gente.

Generabais vuestras olas.

 

Tu saliva insuficiente…

¡si la piensa se le atora!

Tu lengua era una indigente

que moraba hasta en su gola.

 

(forte, vivace)

Te entregaba cuanto tuvo,

tú se lo pagaste a plazos

mientras él se deshacía

racionabas tus abrazos.

 

¿Cómo puede no entenderlo

si aún se quiebra en mil pedazos?

 

(piano, andante)

Cuando todo comenzó

le abriste nuevos caminos;

cada instante, cada gesto,

fue un paraíso en diferido.

 

Recuerda al llegarte a amar

le creaste sus instintos,

a tu cuerpo se abonó

entregando el respectivo

 

(forte, andante)

Mira el temblor de su pulso

su alma ya no tenía filtro.

Se entregó con todo a ti

aunque no encontró el motivo.

 

¿Ahora, que por fin se va,

le reclamas en su olvido?

 

(piano, andante)

Supo que era simple ornato,

que era el temple de tu acero,

cuando un día sin mirarle

registrabas en su cuero.

 

Cada palmo en que besabas

lleva el nombre de otro cuerpo.

Tu boca te delató

cuando prometiste el cielo:

 

(forte, vivace)

¡Ya él se dejaba flotar

sus pies le alzaban del suelo!

¡Tú vivías otro mundo,

aún le amabas como un perro!

 

¿En tu ausencia impersonada

le brindaste algún lucero?

 

(forte, vivace)

La vida se le escapaba,

él quería empezar de cero

y disfrutar como un enano

acurrucado en tu agujero.

 

¡Tiene suerte de no verte,

ya no finge que está ciego!

 

(forte, tempo andante)

El amor se atragantaba,

él quiso empezar de cero

y disfrutar como un enano

alborotando otro agujero.

 

Se entregaba cuanto pudo,

no pudo cobrar los plazos.

Mientras él aún boqueaba,

le quebrabas su espinazo.

 

¿Cómo puedes increparle

si aún resiente tus hachazos?

 

Del otro lado

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Me excita pensar en ti.

Me altero.

Me agito en mi letargo y me estremezco.

Me excita pensar en ti,

y es un dislate;

apenas si he rozado tu escondrijo.

Me avergüenza denunciarme

y ser prolijo

en emociones que supe bajo llave.

Me avergüenza el exponerme

ante tus ojos

y perder el aura mía que te atrajo.

Además, está el absurdo que me ancla,

y esas cadenas

se me atoran por cobarde.

Me quema ser tan necio

y obcecarme

en cuestiones de honor que habría barrido.

Soy quien soy y, sin embargo,

te deseo;

tanto arde que no controlo mi vahído.

Te espero al otro lado del camino

si los pasos que me invitas a soñar

los doy contigo.

Mordaza (fóllate otra oveja, buen pastor)

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No te calles ahora,

ni nunca.

Mide el alcance de tus palabras,

acata las consecuencias,

pero renuncia al silencio.

¡Que se jodan!

 

Sea, la censura es su mordaza

pero ponle tu logo al pañuelo;

hazte eco en el silencio si es forzado.

Que te callen ellos,

si pueden.

Sí, pueden,

pero en el retumbar de sus cascos

encaja tu letra.

 

Y, al final, si has de caer

que sea como en el chiste:

“-¡piojoso!”,

hasta que te hundas.

Ya pagarán.

Pero, sólo si no te callas ahora.

 

(http://www.elmundotoday.com/2017/04/el-90-de-las-ovejas-en-espana-se-cria-para-fines-sexuales/)