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Adenita

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Adenita

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Amórbido

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Te visitaré cuando llegue esa noche

en que marchiten tus espinas,

cuando tus pétalos, otrora turgentes,

enmudezcan en su caída.

 

Aprovecharé la pausa de tu magia

para optar a vencer tu embrujo;

entonces, me daré el lujo

de ser quien luzca la carne.

 

Seré arsenal de lujuria,

y, en la ausencia de tu encanto,

regresaré noches de llanto

a quien antes me las prestara.

 

Fuiste tú mi amor más informal,

mi más fiel enemiga.

Derroché en regueros de tinta

lo que me diste en saliva.

 

Cuando tu belleza, marcescente,

se apague por tu fatiga;

cuando el brillo de tus ojos

no vele tu viperina;

aprovecharé la ventaja

para seguir en tu vida.

Café

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Rima I

 

Me invitó a una taza de café frío;

me supo a amor recalentado.

Ni los posos del pasado

supieron guardar sabor.

 

Rima II

 

Si no tienes café,

¿para qué me despiertas?

Yo no vine a buscar ni el sudor de tu piel

ni tus piernas abiertas.

 

Si no tienes café,

no merece la pena.

 

Dependencia mórbida

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Cuanto más lejos te vas
más me cuesta el amor
y menos duele.

Conforme pasa el tiempo
menos me enervo
y más tranquilo sé amar peor.

Aunque nos cruzamos al tanto,
cada vez te veo menos
incluso en los mismos lapsos.

Pero la experiencia no es vana
y, cuanto menos extraño,
mejor te echo de menos.

 

Bella

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Era tan bella que olvidé la garantía de mis actos;

su belleza era tan grande que se perdía

la razón por la que la belleza es definida.

Yo la amaba, por la necedad de esa belleza,

con más nocturnidad

que alevosía.

 

La amé más allá de lo que pude,

pero no la amé tanto como quería;

y, por amarla en cantidades desbocadas,

la amé mucho más de lo que merecía.

 

 

Ay, Rosa


¡Ay, rosa!

Insípida rosa.

Cada día tan perfecta.

Compuesta de pétalos tallados

con mano de artista

en un laberinto espiral

y quien llega a tu final

no encuentra ninguna arista.

Me aburres, rosa.

 

Me aburres, rosa.

Me aburre tu ritmo intestino,

me aburre saber tu opinión

antes de compartirte el hito;

tu popurrí de perfume redondo

¡y hasta se te puede comer!

Rosa eres tan perfecta

Me quedo con el clavel.

 

Me quedo con el clavel.

No hace gala ni se achanta,

tiene néctar y belleza,

pero sus bordes en greca

y, a quien se atreva a morderlo,

le aguarda regusto a hiel.