Hoy tenía las palabras
pero no había oídos que las escucharan.
Hoy había fuego en mis dedos
pero sólo sobre mi piel quemaban.
Hoy te he vuelto a ver,
y has evitado mi mirada.
Cristal en mis ojos,
no lloran, sangran,
y, sobre mi piel, sudor frío
de quien sabe que te tiene y no te puede tener.
Otra vez el Bien y el Mal,
otra vez fruto Vedado,
otro día, otra semana,
otro sí o no en tu mano.
(Y, aquí a la vuelta, el verano)
¡Cuánto frío!
¡Y qué lejos bailamos pegados!
 
Hago de estatua y observo
el juego de primavera (otoño, invierno)
al que, por diversión o maldad, tú juegas.
Aunque te arriesgas muy poco, te advierto:
A veces, también a mí me llegan cartas buenas.
No te echo en cara tu hielo,
no te echo en cara que juegues,
como aviso, sólo, te dejo
que no te quejes
si el uno se funde o el otro lo pierdes.
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