Pues…una más. Pero… bueno…ahí va…
 
 
Viniste por la noche
a la sombra de un desvelo.
Por entonces no soñaba,
ahora, aunque lo haga, no duermo.
 
Me esposaste con cristal
las manos
y yo acepté la condena
sin daño.
 
Pero pasó el tiempo
y me volviste de acero.
Como un suave y dulce martillo me forjaste
y de las entrañas del yunque renací sin celo.
 
¿Cuándo un castigo dejó de ser placer
por ser contacto de tu mano?
¿Cuánto hace
que todo ha cambiado?
 
Tú, búsqueda de otra felicidad,
que despertaste en ella, de mi dolor,
una forma de pecado malsano
cambia, desaparece o avísame;
todo es lo mismo.
 
Mis manos siguen amordazadas en Bohemia
pero siempre he sido más fuerte,
hasta ahora me he frenado
porque no me faltara del calor mi fuente.
Pero ya casi no queda tiempo
para que, aquel vidrio tan frío, quiebre.
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