El guardián de la raza

Fran Villalobos
 
Helguera ha empujado la puerta de salida del Real Madrid tras pasarse año y medio en un cerco donde no le querían. De poco le ha servido a Iván aguantar en el ostracismo los desplantes del club con el que se proclamó campeón de Europa por partida doble con una aportación personal reseñable.

Empezar de cero cuando ya has superado la treintena. Una tarea para hombres de verdad a la que se vio obligado a enfrentarse Helguera hace dos temporadas por capricho de López Caro, el predicador para quien iba a misa lo que le decían desde arriba. Menuda broma que te vengan con monsergas cuando eres un jugador ovíparo con carácter de gallo. De pelea, por supuesto.

Siempre comprometido con el escudo, su rostro enrrabietado era el plano buscado por las cámaras cada vez que los blancos encajaban un gol. La de barbaridades que escupió con cada error, propio o ajeno, y las veces que dio de sí su camiseta con el número seis a la espalda. El mismo que le robaron, en uno de los actos más repudiables de la historia del Real Madrid, para dárselo a Diarra con tal de presionarle para que se marchase al Racing.

Carros y carretas tuvo que aguantar hasta que Capello no tuvo más remedio que enmendar uno de sus primeros errores. En Getafe, comprendió que tenía apartado a un jugador que le servía. Nadie comprendía que un jugador de su categoría, que podía actuar tanto en el centro de la defensa como en el centro del campo, estuviese comiendo pipas. Tampoco lo entendía Casillas, para quien Helguera actuaba de ayudante lanzándose en plancha a tapar cualquier remate con dirección a puerta.

Ni una mala palabra ni una queja mientras le clavaban las espuelas a un purasangre. Y es que su gusto por la moda no era incompatible con la testosterona. El Real Madrid echará en falta el peso de sus pantalones. La clase para vestir se tiene o no se tiene. La raza no se entrena.  

 
 
 
Y NO LO HE ESCRITO YO (de ahí las faltas de ortografía) 
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