Cuestión de principios

            Me preguntas qué opino de tus principios aún a sabiendas de que no nos parecemos en nada. Qué quieres que te diga, los respeto porque lo mereces. ¿Y los de aquél que tanto se asemejan a los míos? Me repugnan, la verdad.

            ¿No lo entiendes? Bueno, tampoco es necesaria tu comprensión, sólo coincidimos en lo más íntimo. De todas formas te lo explicaré de forma clara, así podrás discernir cuál es, para mí, la diferencia. Tardé años en forjarme unas ideas que pudiera considerar acordes conmigo y por lo que veo tú también. Él, que obra como yo con idéntico motor, es otro clon más de nuestro sistema. ¿Yo? ¿No te acabo de decir que las ideas eran propias? Sí, son iguales a las suyas, pero también los insectos tienen alas como las aves, y no por ello son lo mismo.

            Tú libertina, yo puritano. Dejando tales temas a un lado somos iguales. Tú radical, yo moderado hasta el extremo. Apartándonos de tales vicisitudes somos idénticos. Tú cordera, yo lobo. Negando nuestros instintos somos lo mismo.

            Tú eres lo que tienes que ser, tú misma. Yo he tratado durante años de negar aquello que me asemejaba al resto y tras apartarme de ellos he regresado para ser lo mismo, pero de diferente manera. ¿De qué forma? Llegamos a las mismas conclusiones razonando de diferente manera.

            Por eso hay que rechazar los seguidores. Nadie es más despreciable que aquél que comulga con tus mismas hostias porque te ha visto hacerlo a ti primero. ¿Y si aquél ha llegado a las mismas conclusiones que tú? Entonces no aceptará caminar dos pasos por detrás de ti e intentará adelantarte, caminando finalmente a la par, como todo aquél que piensa por sí mismo.

            Los hombres le debemos a nuestra libertad el tener que generarnos una moral propia, no podemos ser como los contemplativos que piensan que la vida es demasiado dura como para pensar. Y, si finalmente, nuestra concepción del Bien y el Mal coincide, ¡qué más dará!, el camino que cada uno ha tomado para alcanzar esa idea ha sido lo más importante.

            Ahora repito lo que dije en el principio. Tus principios son tan válidos como los míos aunque a mi parecer estén completamente equivocados. Los de él, cuya forma de actuar tanto se asemeja a la mía, están corrompidos por una forma de pensar equivocada y con el tiempo su forma de actuar acabará rompiendo las cadenas de una moral ajena y, por lo tanto, débil. Siempre que sea él mismo traicionará sus principios, pues le han sido impuestos.

            Con el tiempo he aprendido una lección para aplicarla a lo largo de mi vida: No te fíes nunca de aquéllos que siguen la norma, pues sólo ellos pueden saltársela.

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