Se convocó una reunión de sabios (científicos del empirismo y teóricos filósofos) ante la más que grata casualidad. Años de viajes intergalácticos, de establecimiento de laboratorios más allá del alcance de una vida humana, habían dado lugar al acontecimiento más grandioso en la historia de la humanidad: habían encontrado vida inteligente. Pero, lo que no era “consecuencia lógica de nuestros esfuerzos”, como dijo un prestigioso físico, es que hubiera sido en dos planetas diferentes al mismo tiempo. “Después de esto ya no podremos igualarnos”, afirmó ufano un biólogo. “Salvo descubriendo, quizá, el origen del Universo”, puntualizó un filósofo.

 

– ¡Capitán! – gritó emocionado un soldado embutido en una armadura plateada que recubría todo su cuerpo.- Hemos encontrado algo.

El veterano oficial se acercó a su subordinado y se quitó el casco. Un bigote imponente remarcaba su aspecto autoritario.

– ¿De qué se trata, Ricardo?

Al soldado las palabras no le llegaban a la boca, entusiasmado como estaba.

– Hable de una vez – insistió el capitán sin irritarse.

– ¡Hemos encontrado vida…-  el soldado fijó su vista en el rictus impertérrito del oficial y reservó la palabra hasta que supo que le iba a lograr impactar.- inteligente!

 

Sentados sobre el césped artificial, seis jóvenes de entre treinta y treinta y cinco años compartían información a través de dispositivos intraencefálicos mientras discutían sobre temas trascendentales.

– La existencia de Dios como lo concebían en la Tierra es un imposible, pero no es tan descabellada la ida de un Creador original, pues la perfección de lo humano es incomparable en la Naturaleza – afirmaba una estudiante.

– Nada más lejos de la realidad, compañera. La ventaja evolutiva de la que hablas, la que nos ha permitido colonizar otros planetas, no es exclusiva del ser humano. Mira el maíz, ha colonizado tantos planetas como nosotros hemos visitado.

– Pero dependen de nuestras obras.

– Tanto como nosotros dependemos de él, o incluso menos. Sobreviviría sin nosotros, pero nosotros sin él…

– Hay otras fuentes de energía.

– Hay ideas diferentes, y más realistas, sobre el origen del Universo a tu dios. Y, sin embargo, comemos maíz.

Un compañero, que había permanecido en silencio hasta ese momento, balbució algo con los ojos desorbitados señalando un punto que los demás no podían ver si no se giraban. Y eso hicieron:

– Hola – dijo una voz en sus mentes.

 

– Y, por ello, su estructura debe estar basada en el carbono. Es imposible que sea de silicio – aseveró una bioquímica.

– Así que podemos estar seguros de que, con una estructura similar a la nuestra, el grado máximo de complejidad con el que podemos encontrarnos sería similar al nuestro – comentaba un antropólogo- ya que, al igual que en nuestro caso, inteligencia y moralidad habrían estabilizado su evolución. Quizá su cultura sea superior… o inferior.

Uno de los filósofos, que escuchaba en silencio las explicaciones científicas, se pronunció una vez que el debate se acercó a su campo.

– Hablas del ser humano como la punta insuperable de una flecha, pensando que no hay nada más allá. ¿Puedes afirmar que no puede haber algo superior físicamente a nosotros? ¿Ni siquiera bajo otras circunstancias? Los universitarios comentaron que el ser con quien trataron irradiaba sabiduría, más allá de la mente que conocemos.

 

– Son ellos, mi capitán – exclamó con orgullo el soldado, señalando con el dedo a través del matojo en el que se ocultaban.

El capitán tenía una expresión de sorpresa en su cara, pero guardaba la calma y le pidió al soldado que bajar el tono de su voz.

– Nos van a oír – susurró, después carraspeó, sin apartar la mirada de aquellos seres violetas que tan siniestramente se le asemejaban a los humanos.- Activa el micrófono y pon en marcha el traductor. Quizá obtengamos una frecuencia lógica que seamos capaces de descifrar.

El soldado se apresuró a obedecerle. Incluso en aquellas circunstancias, el liderazgo del capitán era indudable.

 

El espigado ser que se había acercado a ellos daba vueltas alrededor del corro que formaban los jóvenes, pero había accedido a una conversación amistosa.

– Al parecer – se atrevió finalmente una chica.- comprende perfectamente nuestro idioma.

El extraño no hablaba, pero sus ideas resonaban en las mentes de los atribulados estudiantes.

– Todos los seres nos comunicamos siguiendo unas pautas lógicas. Mi único mérito es ser capaz de descifrar vuestra frecuencia.

– ¿Y qué hace usted aquí?- preguntó temblorosa la universitaria que creía en el Dios Creador.

– Mi comunidad se alegra enormemente de haber encontrado una forma nueva más de vida inteligente.

– ¿Otra más? – preguntó otro miembro del grupo.

– Sabemos que hay miríadas de culturas sólo en este sector del Universo.

– ¿Sabéis? – preguntó irónico el chico que discutía con la religiosa – ¿O creéis?

– Nosotros lo sabemos, no nos lo planteamos. Sois vosotros quienes necesitáis creer.

– ¿Cuántas especies así habéis conocido? – preguntó de nuevo la joven del principio.

– Sois el primer contacto.

 

– Discuten sobre…- se extrañó el soldado.- el origen y función del de.

El capitán le hizo repetir.

– El origen de la preposición de y si debe o no ser usada.

El oficial rompió a reír a carcajadas.

– Póngase el casco, soldado – ordenó.- Vamos a acercarnos.

– ¿No deberíamos informar al Cuartel General, señor?

– ¿Y dejar que otros se apropien de nuestro descubrimiento y consigan un ascenso? Ni hablar.

 

– ¿Y la experimentación con sus cuerpos estaría permitida? – preguntó un médico impertinente.

– ¡Eso podría ocasionar un conflicto interplanetario! No sabemos cuán agresivos son, ni de qué armas disponen – objetó una un poco más civilizada.

– Eso sería un tema a tratar con ellos – resolvió el coordinador.

– Deberíamos tener, de todas formas, una postura al respecto – reafirmó el médico del principio.

 

– Y si sabes tanto…- dijo otra vez el joven ateo, esperando encontrar un “magister dixit” en el extraño.- ¿Podrías hablarnos del origen del Universo o de la existencia de Dios? ¿qué ideas tiene vuestro pueblo a ese respecto? ¿Cuáles son las preocupaciones de vuestra gente?

– Nosotros sabemos el origen del universo y conocemos la realidad divina. Pero está en nuestra forma de ser no intervenir en el pensamiento de otras mentes. Lo que os reveláramos sería dogmático y no podríais comprenderlo, sólo aceptarlo. Al argumentar daríamos por universales conceptos que vosotros no conocéis, ya que si los conocierais ya habríais alcanzado las mismas conclusiones.

Todos callaron.

 

– Dale al interruptor, Ricardo. Quiero hablar en su frecuencia.

-<<Hola, amigo>>- tradujo el aparato.

Los extraterrestres se sobresaltaron, pues no habían visto a los humanos. Uno farfulló algo y el traductor lo transformó inmediatamente.

– <<Otros…raros…>>

Y rápidamente ignoraron a los hombres de plata y discutieron sobre si era correcto el uso de ambas palabras y si eran aplicables en este caso. Dentro de su casco, el capitán reía, pero con el micrófono desactivado su voz no se oyó en el exterior.

-<<Hola, otros raros>>- saludó uno de los alienígenas cuando llegaron a la conclusión de que eran los términos apropiados.- <<Nos sorprende vuestro aspecto>>- continuó, parecía como si revelaran su pensamiento en las palabras, sin miramientos.- <<Quizá nos ayudaríais en nuestro problema si os lo planteáramos>>

El capitán estaba de muy buen humor y contestó afirmativamente, con un sí.

– ¿Debemos usar de? ¿cómo debemos hacerlo?

El capitán les explicó el uso de las preposiciones y buscó en la base de datos de su dispositivo intraencefálico una definición de diccionario.

Los extraterrestres, agradecidos, colmaron de regalos inútiles a los dos hombres. Les servirían como prueba ante el General.

 

– No tendremos ninguna conclusión hasta que un embajador oficial contacte con ellos. Así que nuestro deber más inmediato es preparar una comitiva para entablar relaciones – concluyó el coordinador.

– ¿Amistosas? – preguntó un militar.

– Debemos prepararnos para cualquier cosa.

 

 

Fin

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