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De donde él venía, la lluvia era sinónimo de derrota imparable. Ante una tromba de agua caída desde el cielo, acompañada de relámpagos y truenos, él se habría desgañitado maldiciendo con fuerza, habría agitado los brazos violentamente contra el cielo y habría tratado de detener las gotas de lluvia golpeándolas con sus puños. De donde él venía.
Por ello lloró. Lloró como un niño al recordar la tormenta en que se envolvió en su capa y se alejó caminando, tranquilamente.

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