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Un sueño roto

no se cura con dos besos,

ni con una caricia

ni con veinte lamentos.

Un sueño roto

debe ser un impulso,

un empujón al vacío,

a un nuevo sendero abrupto.

Un sueño roto

sabe cuidarse solo

no necesita sudarios

ni estar presente en tu todo.

Un sueño roto

no debe echarse de menos

ni esconderse en un arcón

ni ocultarse tras un velo.

Cuando un sueño se rompe

se lo despide con alegría,

agitando bien la mano,

deseándole mejor compañía.

Cuando un sueño se rompe

deben abrirse las nubes,

debe pasar la luz del sol

para que la oscuridad no dure.

Pero si el sueño se rompe

y no consigues olvidarlo,

si cuando sueñas las noches

te es inevitable añorarlo,

ese sueño no está roto

y, tú, aún estás soñando.

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