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– Me ganaré el sueldo reparando libros

– Nadie querrá un libro roto. Yo no te lo compraría.

– Pues me los quedaré todos. Un libro nuevo puede leerse y disfrutarse, pero no sabrá ayudarte a que lo leas.

– Sus hojas estarán más limpias y más blancas.

– Las del libro roto se alegrarán de que las leas.

– El libro roto estará desconchado, sin portada.

– Me recompensará más su belleza cuando la encuentre.

– ¿Y si el título se ha borrado o es ilegible?

– Le inventaré uno nuevo que le ajuste y al que coja un nuevo cariño.

– A veces los libros no son conscientes de que están rotos y olvidan ser agradecidos.

– Lo haré porque no podré evitar hacerlo. No hay qué agradecer.

– ¿Y si, tras todo tu esfuerzo, se lo llevan y no obtienes nada a cambio?

– Quien lo haga le dará un nuevo uso y volverá a hacerlo feliz.

– ¿No te dará rabia?

– ¡La del mundo!. Pero no es posible retener un libro que no quiere volver a ser leído.

– ¡Vaya pena!

– ¡Qué alegría!… Melancólica, al menos.

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