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Preguntó, dejándose la voz en el grito, por su interlocutor. “Busca tu respuesta donde nada ni nadie impidan tu escucha”. Y allí estaba. En el lugar sin suelo, en el cielo sin nubes ni Sol ni estrellas, allí estaba. Pero, aunque el tiempo tampoco transcurría, fue consciente de que pasaban las horas y la respuesta no llegaba.

Decidió dar un paso y, al momento, abandonó aquel lugar. La resonancia, un eco lejano, quizá su imaginación tan solo: la respuesta a su pregunta.

– La ausencia de esencia

es la esencia de la ausencia.

Por eso sólo soy cuando no estás,

por eso sólo soy sin tu presencia.

Y, aunque lo intentó, jamás pudo regresar

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