Etiquetas

, , , , , ,

Procesador de tercer nivel (y de cuarto), Hernando Cosí

Las muñecas finas, incapaces de levantar un gran peso. Da igual, tampoco podría sujetarlo sin partirse las uñas, quebradizas y delicadas. Tan preocupada por su estética que no se percata de que esos tacones ponen en grave peligro la integridad de los ligamentos de sus delgados tobillos. ¡Serían peligrosos, incluso, para unas piernas macizas!

Suéltala al campo, ¡suéltala!, y no durará un instante antes de que la devoren las ratas, no hará falta ni la presencia del lobo ni la llegada del invierno.

Pero detente, espera un instante… ¿Qué es esto? A su alrededor todo es homogéneo: pulseras titilantes en brazos como palos, sin más músculo que el generado por los dejes de la mano… Todas tan perfectamente adaptadas que aterra.

Adaptadas, sí, ¿pero a qué? Son procesadores de tercer nivel.

Considerando las necesidades de la alimentación, el vestido, el calzado, como primordiales para la supervivencia del hombre, podemos considerar que los cazadores, ganaderos, agricultores o los matarifes…serían los primeros procesadores de los producos. Hace mil generaciones, éstos eran quienes se encrgaban de conseguirnos las materias primas que intercambiaban por otras y, de esta manera, conseguían cubrir sus necesidades y las de los demás.

Pero las eras cambiaron, y el tiempo que perdían en el intercambio de productos lo comenzaron a utilizar en aumentar su productividad cuando aparecieron los segundos elaboradores. Estos se encargaban de comprar el producto a los primeros procesadores y transportarlo y venderlo a los demás.

Esto debió comenzar con la aparición del dinero, cuando salía rentable cargar con cien monedas en lugar de llevar un centenar de conejos. En esta categoría entrarían curtidores, carniceros, tenderos en general,… Todos aquellos que trabajan directamente con la materia de nuestras necesidades, pero que no se encargan de conseduirla. Los procesadores de segundo nivel ya aparecen debilitados frente a sus contrapartes de primer nivel, aunque aún deben ser capaces de movilizar productos y materias. También debían ser capaces de reconocer la calidad, pues su medio de vida dependía de la cantidad de materia que fueran capaces de vender.

La necesidad del reconocimiento de la calidad deja de tener sentido con la aparición del tercer nivel de procesamiento: los promotores y los publicistas.

El trabajo de este tipo de procesaores consiste en conseguir inducir la compra de un producto sin que exista una interacción con éste. Su misión: tratar de vender una imagen, que puede ser real o no, de la materia en cuestión a través de una proyección de su propia imagen de promotor. La calidad del producto, por lo tanto, deja de terner importancia, pues ésta es una imagen creada por el procesador. El promotor carece de habilidad y de fuerza para trabajar con la materia, pero resulta poco agresivo para el consumidor e, incluso, agradable desde la perspectiva del pedomorfismo, ojos proporcionalmente grandes y físicamente débiles.

Estos seres que solicitan protección, encandilan y encasquetan materias que, quizá no sean de calidad suficiente, porque el producto o elaorador primario no se preocupa de la calidad una vez obtenido el producto, el elaborador de segundo nivel ya no tienen necesidad de  preocuparse por ella porque tiene a los procesadores de tercer nivel cuya misión es vender el producto, importando poco la calidad.

Todavía existe una posible evolución (o, quizá, ya los haya) hacia un procesador de cuarto nivel, que no necesita vender ningún producto para obtener beneficios. Quizá, en lugar de tratar de engañarte con las propiedades de la materia ofrece inmaterialidades. No tendrá que preocuparse siquiera por proyectar una imagen adecuada, porque sus productos no podrán ser identificados ni figurados y, quizá, pueda incluso permitirse amenazar y presentar una figura agresiva y peligrosa, sin otro poder real que el de ladrar más o menos fuerte y el de achuchar al rebaño. Sin otro poder real que el que le quiera conferir el comprador.

Conforme aumentamos en la escala de procesadores, nos vamos alejando de la idea original del hombre y nos vamos dirigiendo hacia un ser irreal, irresponsable y, oficialmente, inútil en la interacción con los elementos. Y, por desgracia, hacia un ser más valorado por la sociedad.

Anuncios