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Era bella y, sin embargo, la amaba:

Continuación 1: (…). Parece una contrariedad, pero soy de los que opina que no se puede amar sinceramente a una mujer hermosa. Me llamo Albert Román y soy sexador de pollos.

Continuación 2: (…). Eso se lo aseguro, señor juez. Como le aseguro que nunca tocaría uno de sus irritantes cabellos ni me enfurecería para quebrar sus gestos.

Continuación 3: (…), mentía cuando dije que sus ojos verdes mi piel no traspasaban y que no me hacían daño sus puñales.

Continuación 4: (…). ¿Cómo no amar a la ciudad que te ha visto crecer y madurar, y en la que había conocido y perdido mi primer amor?

Continuación 5: (…). A pesar de sus numerosos guiños al fracaso, a otros corazones, a la sonrisa del jardinero. ¿Podría plantearme no perdonar todo si soy esclavo de sus ojos?

Continuación 6: (…). Como el león ama a la gacela, con su abrazo fiero. La amaba como ama la carne el cuchillo del carnicero.

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