Etiquetas

, ,

La poesía como espada bailarina,

no puñal,

que juega con la realidad tan sin tocarla,

debe resultar vencedora en el combate.

Convertida en un objeto de sentimientos-placebo,

despierta lágrimas en ojos de vidrio fácil;

ha de amanecer de nuevo al mundo y en el mundo:

redentora.

Han de ser sus versos transmisores de verdades,

despertadores de mañanas en letargo,

agitadores marinos de la calma chicha,

creadores de verdaderos corazones;

recuperar su aspecto cognoscible

que apenas ya recuerda,

discernir entre lo puro y lo creado,

entre lo sano y lo enfermo,

servir de gong de inicio

para abandonar el escenario.

 

Y, si no puede,

si se quiebra y desmotiva,

si se vuelve superflua

en nuestra maquinaria,

insustancial en apariencia y en esencia

en objeto de consumo, lágrima y desecho,

en puñal de leche, que duele

pero no permanece,

si se vuelve palabra barata,

retórica,

y pierde su sitio,

si, como la metáfora, queda recluida en el segundo plano,

si se pierde, en fin, toda su fuerza,

nos encontraremos con un mundo cambiado,

una carcasa fría,

desprovista de materia,

no peor mas desalmado,

carente de cemento entre personas,

tan sólo instrucción y recepción

y sin sentido.

 

Y, aunque quizá no peor sí indeseado

y yo no quiero:

ni que se vuelva retórica y vacía

abandonada en el segundo plano,

ni que sea burdo objeto de consumo,

para el sentimentalismo barato,

y no perdure

ni que se vuelva superflua

en nuestra maquinaria,

ni inútil en apariencia y esencia,

fuego de artificio

y tontería.

Yo no quiero que sea redención adolescente.

Yo lo que quiero es POESÍA.

Anuncios