Alguien no tropieza dos veces en la misma piedra de forma gratuita.

Hay que volver a pisar el mismo camino, sortear los mismos baches y buscar específicamente la piedra.

No se tropieza con la misma piedra, es algo más interno. Se tropieza con el yo que tropezó con la piedra.

Se da un paso atrás, buscando la piedra, tanteando con la punta de los dedos el canto, dibujándolo en la mente.

También es verdad que, según qué piedras, puede o no merecer la pena retomar el contacto. No es lo mismo tropezar con un ladrillo que con un diamante.

Algunos tropezones pueden hacernos caer, otros dar dos pasos adelante. Pero algunos nos detienen a investigar y terminan haciéndonos quedar en el sitio:

Enamorados de la piedra.

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