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Como buen ensayo inconcluso, la hipótesis principal no se desarrolla, pero puede inferirse. Y debe inferirse/pensarse/discutirse para darle sentido al texto.

El cuerpo y sus necesidades, la hipótesis de los vasos comunicantes, la represión de la mujer en la sociedad y la sensibilidad

Cuatro apuntes básicos para un ensayo inconcluso:

La hipótesis de los vasos comunicantes, a grandes rasgos, es muy sencilla: un vaso lleno y un vaso vacío se compensan a través de un hilo conductor hasta llegar a estar los dos medio llenos. Esta hipótesis (teoría para física al hablar de literales vasos comunicados) puede aplicarse a numerosos campos de lo humano.

Por ejemplo, y entrando en un tono jocoso, en la elección de una pareja. En esta decisión vale lo mismo una pareja que nos satisfaga suficientemente en el plano físico y emocional que una que nos satisfaga mucho en uno de los dos aspectos aunque en el otro quede corto. Puede verse en las numerosas parejas que se mantienen sólo porque “me pone mucho aunque no me demuestra que me quiere” o “nos queremos, aunque no sé si sigo enamorada/o”.  Es necesario tomar esta “verdad” con pinzas, pues en muchos casos, la diferencia entre un vaso y otro, si es demasiado grande, puede dar lugar a un colapso del sistema (“es que es demasiado fea/o aunque sea muy maja/o”; “me maltrata”). Si el sistema colapsa, no hay comunicación. Fin del juego.

Pero si aceptamos que los vasos que siguen comunicados tienden a compensarse, podremos ver analogías en otras parcelas de lo humano. Como segundo ejemplo, y este es que nos atañe, la sensibilidad y el espíritu[1]. La sensibilidad son las condiciones físicas o biológicas que posee un cuerpo. El espíritu representa a todo aquello que no puede ser percibido a través de la razón sensible (los sentidos) que, no obstante, somos capaces de notar. Quiero marcar esta dualidad porque, aunque ambas se enmarcan en la materia, son cualitativamente diferentes (igual que lo son la vista y el oído).

El cuerpo tiene unas necesidades fisiológicas que debe satisfacer. Entre estas necesidades podemos incluir, de forma clásica, la alimentación (ojo, la nutrición no es una necesidad del cuerpo sino celular, no seamos más biólogos que Darwin[2]), la sexualidad[3], la ventilación pulmonar[4]… Y todas ellas, satisfechas, pueden dar lugar a un individuo, con simpleza, medianamente feliz (aún no hemos comenzado a llenar el vaso de lo espiritual y ya tenemos un individuo “simplemente” feliz… O feliz “de una manera simple”). No obstante, la razón humana, que nos diferencia en objetivos (que no en necesidades) de otros organismos, nos aporta, para nuestra frustración, un vaso nuevo comunicado con el primero. No es que este vaso no existiera previamente (cualquiera que tenga un animal viviendo en casa verá que ellos también tienen necesidades emocionales), pero en el caso de los  humanos, cobra una preponderancia tal que se vuelve imprescindible al aportar un nuevo vacío a cubrir.

A un animal irracional[5] le basta con sus necesidades fisiológicas y, sobre todo, y es en esto en lo que radica la diferencia de vasos, necesitan cubrir estas necesidades de forma completa sin posibilidad de comunicación entre ambos vasos. Necesita llegar al mínimo suficiente en este vaso (y quizá también en el otro) pero de forma independiente, sin posibilidad de compensar el uno con el otro y viceversa.

El hombre, sin embargo, inventa el ascetismo, inventa la abstinencia, inventa el ayuno… Todas ellas acciones que van “contra el vaso fisiológico”. ¿En qué medida estas acciones que van contra nuestra naturaleza impiden al hombre ser feliz? ¿Os imagináis un perro (gato, caballo…) feliz pasando hambre, con abstinencia…? El hombre posee el segundo vaso y está comunicado con el primero.

Para este segundo vaso (con dos brochazos rápidos me lo quito de encima[6]) el hombre debe aportar sus emociones. Una persona amada, respetada o, incluso, mística, puede darse por satisfecha en este campo. Se puede ver, a lo largo de la historia, que muchos filósofos consideraban la Amistad (filia-amor), la Justicia (el respeto) o la Inteligencia (la mística) eran razón suficiente para alcanzar la felicidad. Y, en el caso de la razón Mística, por ejemplo, en muchos casos, las pasiones (que identificaban con las necesidades fisiológicas de su cuerpo) se hallaban tan sometidas que el vaso de lo sensible (lo físico) no podía llenarse por sí mismo hasta términos aceptables, sino que debía llenarse desde el campo de lo sentimental (es decir, la parte no perceptible de nuestras sensaciones).

Y el cuerpo tiende a llenar estos vasos, siempre. Tirando de donde haga falta. Compensa la ausencia de sensibilidad con sentimentalidad y la ausencia de sentimentalidad con sensibilidad, con el fin de alcanzar la felicidad.

No obstante, cuando el cuerpo reclama lo sensible y no es satisfecho, cuando reclama lo sentimental y no es satisfecho, se sublima en forma de emoción[7].

Las emociones son sentimentalidades no racionales, no voluntarias. Por ejemplo: la tristeza, la ira… Esta tercera forma no funciona como un vas comunicante, pues podríamos considerarlo como insaciable e insatisfactorio. Nunca una persona va a sentirse suficientemente irascible o suficientemente triste como para ser feliz. Pero el cuerpo necesita sentir para sentirse vivo y, ante la ausencia de sensibilidades y sentimentalidades, reacciona llenando los vacíos de emociones.

Y con ello, llego al último punto, que sólo viene al caso como un relato paralelo, subjetivo y en el que no voy a extenderme, de por qué la mujer ha sido siempre considerada emocional (irracional) y no intelectual, y la razón de ello. Y esta es muy simple: la represión a que ha sido sometida (de forma externa) le ha llevado a un punto en el que no podía satisfacerse fisiológicamente (el ascetismo cristiano magnificado en el caso de la mujer) ni intelectualmente (herederos del aristotelismo que consideraba a un ser carente de alma racional). Por ello, su cuerpo se sublimaba emocionalmente, incapaz de encontrar su sitio y la felicidad.


[1] El uso de la palabra espíritu es para continuar con el uso occidental de la palabra, no por un dualismo alma-cuerpo. Con espíritu ataño a todo lo sentimental y no a lo sensible.

[2] O “más papistas que el Papa” (en momentos de crisis católica).

[3] De la misma forma que lo anterior: el sexo. El sexo, a mi parecer definidor de especie, no es una necesidad del cuerpo, sino de la Biología. Sin profundidad, el concepto sexo no daría cuenta del acto sexual (eso entraría en el ámbito de la sexualidad) sino del intercambio genético entre dos organismos compatibles.

[4] Igual para la respiración.

[5] Terminología clásica, de nuevo para facilitar la lectura. Los animales poseen una razón cuantitativamente inferior a la humana pero no cualitativamente diferente. Otra vez remito al conocimiento de los animales domésticos y a la observación de su inteligencia.

[6] No es que se pueda quitar rápidamente de en medio, sino que esta concepción la veo más intuitiva que razonable (o, siendo razonable, no hay un razonamiento corto).

[7] Desconozco el uso tradicional de emoción, por ello, en el párrafo subsiguiente hago una definición para su lectura correcta. La sublimación del cuerpo puede asumirse análogamente a la sublimación del alma kantiana para enfrentarse a aquello que sobrepasa su razón.

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