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Aquel día te llamé de madrugada,

no porque estuvieras cerca

ni porque estuvieras lejos.

Te llamé porque estabas.

 

Te llamé y no contestaste

o contestaste una excusa;

que no podías verme, recuerdo;

era porque el mar tenía espuma.

 

Cargué en mis hombros el pasado,

un pretérito imperfecto simple,

incapaz de vivir en subjuntivo.

Me vale lo que sea no valía.

 

Me conformé con lo que pudo ser ya fue

y me alejé de tu ventana con mi trova.

Me estaba haciendo mayor

de cantarte los versos que escribía.

 

Rompí con la tinta que tanto amaba

al hacerme consciente de sus filos.

Las heridas que tallaron en mi piel

ensangrentaron tras de mí todo el camino.

 

No había vuelta atrás y me hice honesto

y noble que, sin ti, suena a vacío

Me equipé de humor voraz sin esperanza,

fue mi forma de plañir sin ser mendigo.

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