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Me encanta la etimología. Es un hecho, no puedo evitarlo. Esto me ha llevado a acumular algunas anécdotas y hoy quiero compartir una de ellas. En este momento, ando perdido en la antigua Nueva Inglaterra, en un estado llamado Connecticut, y en esta tierra de tramperos (tramperos de Connecticut) me ha venido la inspiración para investigar el origen de la palabra yankee.

Soldado yankee enfrentando a un sudista

¿Quiénes son los yankees? Primero debemos definir qué abarca esta palabra. En muchos países del mundo se utiliza como gentilicio para designar a los nacidos en los Estados Unidos de América, para evitar ambigüedades tales como americano (que referiría a todos los habitantes del continente), norteamericano (que incluiría otras nacionalidades, tales como la cubana o la canadiense) o estadounidense (ya que el nombre de México es oficialmente Estados Unidos Mexicanos). Como alternativa, en muchos países hispanomericanos se utiliza la palabra gringo de forma despectiva, como referencia al color de los billetes (verde – green /griːn/) y a la intención de echarles del país (vete – go /gəʊ/). A los que nos gusta el cine, nos recordará a las películas sobre la Guerra de Secesión Americana (GSA), en la que los sudistas utilizan esta palabra de forma continua para referirse a sus vecinos del Norte. Y es en medio de la batalla que encontramos el origen de esta palabra.

Al principio de la guerra, en todo Estados Unidos no había más de 20.000 soldados profesionales, por lo tanto, los ejércitos que se formaron estaban compuestos por un puñado de soldados profesionales y por miríadas de reclutas voluntarios. Un total de tres millones y medio de combatientes fueron puestos en liza. El ejército de la Unión, principalmente configurado por los estados del Norte, llegó a reclutar más de dos millones de estos jóvenes combatientes. Los confederados, que provenían de estados menos densamente poblados y que, además, llevaban la iniciativa al comienzo de la guerra, reclutaron un ejército de poco menos de un millón de soldados.

Desde el comienzo de la guerra, en 1861, hasta la batalla de Gettisburg, 1863, la estrategia del general Lee en tierra firma aniquiló gran parte del ejército nordista. El éxito de esta estrategia radicaba no sólo en la correcta elección de terreno sino también en la disposición táctica de las tropas sobre el campo. En los albores de la GSA, Lee dispuso a sus soldados profesionales al frente de sus batallones, confiando en que su formación previa les permitiría enfrentar al enemigo sin miedo y, por lo tanto, sus disparos serían más certeros. El ejército nordista abogó por una estrategia diferente. Considerando que los nuevos reclutas eran más proclives a la huida si veían caer a sus camaradas, los colocaba en primera fila de batalla, de forma que las tropas más veteranas los rodearan y pudieran dar el contragolpe antes de que el enemigo tuviera tiempo de recargar. La táctica no dio los resultados que esperaban y los jóvenes nordistas iban al combate con absoluta certeza de muerte, lo cual suponía una terrible carga para la moral general del ejército y tenía su reflejo en las deserciones previas a la batalla. Tras las primeras batallas, el ejército del Sur, cuyos oficiales se jactaban de ser caballeros a la europea, se percató de este hecho y trataban de minar la moral de la soldadesca del Norte atacando a la confiabilidad de sus oficiales. Los llamaban, literalmente, asesinos de jóvenes, que en inglés se escribe “young killer” (/jʌŋ/-/ˈkɪləʳ/). Como grito de guerra, la palabra no permaneció inmutable y acabó tomando su forma definitiva.

Aunque la batalla de Gettisburg dio un vuelvo a la situación y, finalmente, los sudistas tuvieron que recurrir a sus propias reservas de jóvenes soldados, la fama de carniceros de los oficiales del Norte quedó grabada para la posteridad en la acuñación de la palabra Yankee (/jʌŋkɪ/) que, por extensión, pasó a ser la denominación de los habitantes de la Unión.

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