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(…) Algunas personas creen en los animales que han visto y otros en los de los bestiarios36 […]. Ambos tipos tienen su razón y son capaces de ver una forma de realidad pero, al mismo tiempo, tienen sus limitaciones […]. El que cree en lo que ve, corre el riesgo de ver tan poco que nunca será suficiente para hacerse una idea del mundo46. El que cree en lo que lee, siempre vivirá en la incertidumbre de no saber si lo que ve después es cierto o un producto deformado por su imaginación. Porque la imaginación tiene sus límites, aunque algunos sabios hayan afirmado lo contrario, y nuno de los más importantes es que es infinita47 en su extensión y más poderosa que los sentidos para imponerse (…).

Fragmento extraído del libro IV de San Blastóporo “Del conflicto entre la Ciencia y la Razón”. Capítulo Segundo: “La Naturaleza como fuente de conocimiento sensible para el discernimiento racional del alma”. S XIII (1248?)48

 


 

36 Se denomina bestiario (bestiarum vocabulum) al compendio de ilustraciones y descripciones de los animales y planes orgánicos que se presentaban en la Naturaleza. Generalmente, incluían, junto a la representación del animal, un juicio moral y una descripción en forma de leyenda de tintes mitológicos. Fueron muy populares durante la Edad Media, particularmente durante el s. XII en Francia e Inglaterra.

(…)

46 El uso del concepto mundo por San Blastóporo en este fragmento corresponde al mundo sensble aristotélico y no a un universo que conjuga lo sensible y lo racional.

47 San Blastóporo defiende la imaginación como una herramienta de carácter divino, cuyo valore se encuentra por encima del de los órganos sensitivos pero, por esta misma razón, la considera fuera del control humano. En el Libro II: “Los demonios en lo racional”, explica que la creación de ideas proviene de la inspiración y, por lo tanto, directamente tienen carácter sobrenatural. Más allá de su propia naturaleza sensible, el hombre es incapaz de discernir lo correcto de lo incorrecto y, a través de las ideas, el demonio puede filtrarse y convertir un razonamiento bienintencionado en un error contrario a las enseñanzas divinas. El mundo de las ideas de Platón se filtra dentro del pensamiento del benedictino y, al tiempo, confiere al demonio una naturaleza interventora más cercana a la divina que a la angelical.

48 Las elucubraciones de San Blastóporo fueron mal acogidas y prohibida su lectura en su Orden durante los siguientes dos siglos, por lo que varias de sus obras se han perdido. La defensa de los sentidos como única herramienta humana comprensible para discernir lo correcto de lo incorrecto parecía contraria a los conceptos de la razón como centro de la vida contemplativa. A pesar de lo que afirman algunas lecturas tradicionales, San Blastóporo no era un defensor del empirismo a ultranza pero consideraba que había que evitar imponer la razón a los sentidos porque ésta podía estar influida por el demonio. De forma marcadamente contradictoria, como recogería en sus diálogos en los que enfrentaba su humanidad contra su religiosidad (“Diálogos de Blastóporo contra Fray Blastóporo”), defiende que la inspiración divina sólo procede en el hombre a través de la imaginación y que puede llegar a modificar la percepción de los sentidos.

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