Etiquetas

, , , , , , , , , , , ,

Cuarenta años y mayor de edad, Hernando Cosí

Una pena lo de UPyD, que prácticamente desaparece del mapa. Más decepcionante, aún, que el PP y el PSOE sigan conservando entre ambos una mayoría del voto. El lado positivo es que, por fin, en España ha dejado de votar el miedo tras cuarenta años. Cuarenta años de votos temblorosos que ayer, 24 de Mayo de 2015, finalmente controlaron sus nervios ante las urnas. Y decidieron. España pasará a la historia como el país que sólo ha tardado cuarenta años en alcanzar la mayoría de edad democrática que, generalmente, se alcanza a los dieciocho; claro que, con una generación de jóvenes que no abandona sus padres hasta la cuarentena, poco bueno podían reflejar las elecciones.

Durante cuarenta años, en España se ha votado continuidad o miedo, y de esta forma se han repartido los escaños. Cuando se votaba continuidad, se votaba consecuentemente. En España no se votaba a la derecha, se votaba a una derecha en particular, heredera de quien-tu-sabes (porque nombrarlo invoca sombras y es privilegio exclusivo de unos pocos). Cuando votaban a la derecha no sólo se adscribían a políticas económicas liberales sino que también adquirían una serie de compromisos morales, religiosos y éticos que provenían de una época no tan lejana. Uno no votaba a la derecha, votaba a continuar en el camino establecido siguiendo unas directrices inflexibles. Y estas directrices, estos mandatos radicales de nuestra democracia, eran tan consistentes que también determinaban los caminos que podía transitar la alternativa. Cuando alguien no votaba a la derecha y quería que su voto fuera considerado, no existía otra posibilidad que votar a la única alternativa real. Tan real que era, en el sentido más literal de la palabra, alternativa. Se alternaban en el poder, unos y otros, sabedores de que cuanto ocurriera alrededor poco iba a importar. Para que siguieran siendo poco importantes los alrededores, la alternativa tampoco quería salirse de la senda. Lo más que se atrevía a hacer era pisotear un poco los lindes y desdibujar el camino. Quienes votaban a la alternativa, votaban con miedo. Querían un cambio, querían contradecir la primera ley de Newton, pero la física es inasible. No se puede romper la inercia simplemente dejándose llevar. Había miedo a equivocarse y a que se perdiera lo poco que se había conseguido. Pero ese miedo era infundado. Realmente, no se había conseguido nada.

Cuarenta años después, por fin, España se vuelve una democracia real. Miras el panorama, el skyline del voto, y no puedes tardar en percibir que hay algo completamente diferente que, quizá, comenzaba a percibirse en las pasadas elecciones. En España, por fin, se escoge una opción política. Todo votante de PODEMOS y todo votante de Ciudadanos ha escogido su voto; ha decidido exponer sus idea sin tapujos, con un verdadero ejercicio de democracia. Nos hemos hecho mayores de edad y, por fin, hemos decidido emanciparnos. Ya no deciden más por nosotros nuestros predecesores, nuestros padres, haciéndonos creer que poseían la única verdad y que su experiencia no era un grado, era el grado. Puede que nos equivoquemos y que, en este nuevo camino que emprendemos, tropecemos más de una vez. Es posible que, en un futuro no muy lejano, nos planteemos nuestros pasos y volver a considerar nuestras decisiones, pero esto no es necesariamente malo. Así se aprende, así se adquiere criterio. Y es normal que nos equivoquemos una y mil veces, al fin y al cabo, acabamos de cumplir la mayoría de edad. Esperemos que repitamos madurez en las próximas generales y que esto no sea sólo decidir el menú del cumpleaños.

Anuncios