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Crees que llegará un momento en que superes todo, pero pasa el tiempo y el momento no llega. El dolor parece ocultarse por momentos pero nunca remite. Lo puedes comprobar; sólo tienes que traer a tu memoria una imagen de lo que perdiste  y notarás cómo la sangre se congestiona en tus sienes y la presión no te abandona. Y así puede pasar un año o dos, o quince, que lo querido siempre vuelve en forma de recuerdo. Sí, de recuerdo, porque no hay más.

Hay quienes se atreven a decir que el dolor puede gestionarse, que puede superarse. Me embrutecen, me llenan de ira. Esa gente, que quiere estandarizar tus sentimientos, que quiere hacerte positivo y productivo, de lo que realmente hablan es de enseñarte a no amar.  A no amar lo que ya no puedes poseer, a quitarle toda la importancia al pasado, todo el valor. A quebrar tu deseo, que es lo único que te queda. Tú amas y tu amor clama justicia. Pero el mundo es normativo, sus leyes no pueden violarse. Es legal, pero no es justo.

Porque si fuera justo tus bigotes todavía me harían cosquillas en el brazo y tu frente empujaría mi barbilla como si quisieras que tu cara y la mía se fusionaran en una. Tu veloz corazoncito seguiría latiendo en mi mano mientras te acerco a mi pecho y compartiríamos tus caídas de ojos en silencio hasta que te hartaras. Porque sabías cuándo era el momento de parar. Porque tú eras la parte justa de este mundo y yo tengo el privilegio de seguir amándote.

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