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Aprovechando que hoy es el día Internacional del Manatí y que vivo en un país con estos bichos, he creado el siguiente documento, por si alguno quiere informarse.

Esta entrada se encuentra en formato pdf en el archivo adjunto. Si quieren leerlo más cómodamente, pinchando el link “El manatí” encontrarán esto y…no mucho más, pero con esto está bien, ¿no? –> El manati

Manatíes del Caribe

Una sirena en México

Los manatíes son unos mamíferos que viven en las aguas tropicales del Atlántico, en África y en América. Por su comportamiento y por cuestiones físicas, se les ha dado el nombre de sirenas, o sirénidos. Gracias a su asimilación con estos seres mitológicos se ha creado un clima de leyendas alrededor del manatí que, a veces, despierta la curiosidad. Pero, por desgracia, la curiosidad muchas veces acaba en ese punto y se conoce más sobre el origen mítico de su nombre que sobre las características físicas, de comportamiento y de las amenazas a las que está expuesto el propio animal. Este animal, que podemos encontrar a lo largo de la costa del Caribe, incluyendo México, es un habitante milenario de esta tierra y nuestra responsabilidad es que siga viviendo en ella muchos años más.

Sobre sirenas y manatíes

Las sirenas eran seres mitológicos femeninos que aparecen en numerosas culturas. Por su origen griego1, tal y como fueron descritas, eran entre dos y cinco quimeras de ave con cabeza de mujer, como se puede ver en la Ilustración 1, (Barba, 2008) que nacieron fruto de la sangre del dios Aqueloos, un dios de los ríos hijo de Océano y Gea que fue herido por Heracles (Hércules) cuando el dios le enfrentó en forma de toro. Las sirenas se refugiaron en los acantilados de tres islas, cercanas a Sicila, desde donde ejercían su hechizo. Las sirenas eran seres malvados que atraían a los marineros hacia aguas peligrosas, donde sus barcos encallaban. Los griegos temían navegar cerca de donde las sirenas vivían y muy pocos se obstinaban en cruzar esos mares. Aquellos que lo hacían era porque poseían alguna cualidad heroica. Lo consiguió, por ejemplo, Ulises que, usando su astucia, se amarró al mástil de su barco mientras que su tripulación selló sus oídos con cera (Gresseth, 1970; Homero, 2001); también lo consiguio Jasón, que contaba con la ayuda del arpista Orfeo cuya melodía eclipsó a la de las sirenas (Barba, 2008). Tras fallar en estos intentos, frustradas, las sirenas se suicidaron arrojándose desde lo alto del acantilado. Esto debería haber sido el final de estos seres, pero su imagen quedó recogida en la literatura y en el arte hasta la Alta Edad Media.

En la Alta Edad Media, comienza a popularizarse un tipo de libros, llamados bestiarios, que pretende servir de


Ilustración 1: Sirena alada. Imagen extraída de https://remigiosol.files.wordpress.com/2013/10/sirena-alada-de-piedra.jpg

compendio ilustrativo de todos los animales del mundo(Barba, 2008; Rodríguez Peinado, 2009). Existen varios tipos de bestiarios, entre ellos los de carácter realista, que trataban de representar las verdaderas variedades de seres vivos, y los de carácter mitológico, aunque en muchos casos la línea de discernimiento está difusa.Ya que durante los primeros siglos de la Edad Media la formación cultural y moral de las personas era patrimonio de la Iglesia, estos bestiarios contenían no sólo la descripción física del animal sino juicios de valor y leyendas con un fin educativo. En uno de estos bestiarios (Liber Monstrorum), en el siglo VI, aparece en Inglaterra descrita por primera vez la sirena como un animal mitad pez mitad mujer (Barba, 2008; Rodríguez Peinado, 2009). Estas sirenas comparten nombre en las lenguas latinas con sus hermanas mitad ave mitad mujer (en la lengua inglesa sí diferencian entre “mermaid”, mitad pez, y “siren”, mitad ave), pero su iconografía, es decir, su significado en el arte, toma rutas completamente diferenciadas (Rodríguez Peinado, 2009). Algunos bestiarios moralizantes usan a las sirenas mitad-ave como representaciones de la maldad, de la muerte y del poder del demonio, mientras que convierten a las sirenas mitad-pez (Ilustración 2) en símbolos de la sensualidad y del pecado de la lujuria (Rodríguez Peinado, 2009). La aparición de estas sirenas mitad-pez probablemente sea debido a la influencia de la mitología germánica y llega a dar lugar a formas intermedias como sirenas-ave-pez (Rodríguez Peinado, 2009). La descripción actual las asemeja más bien a las nereidas que formaban parte del séquito de Poseidón, aunque estas ninfas marinas carecían de maldad; por el contrario, rescataban a los marineros que naufragaban. Sin embargo, el nombre de sirena para referirse a los seres mitad-pez mitad-mujer se popularizó tanto que, actualmente, casi siempre que se utiliza el término sirena es para referimos a este ser mitológico (Barba, 2008).

De forma paralela a la evolución del mito, en el arte ambos seres se diferencian de acuerdo con la proposición del Liber Monstruorum y encontramos con un cambio en la representación de la sirena. En el Románico, estilo de arte que se desarrolla entre los siglos X y XIII, ya se representa las sirenas con rasgos de pez (Rodríguez Peinado, 2009), con lo que vemos la profundidad de esta confusión. Las sirenas-pez rápidamente pasan a formar parte de la mitología popular y a protagonizar leyendas como las lamias de mar y las marinas (Varios Autores, 2013) o a inspirar cuentos como “la Sirenita” de Christian Andersen (Andersen, 1969).

L


Ilustración 2: Sirena pez. Escultura llamada “Sirenita dorada de Songkhla. Imagen extraida de http://img.viajarasia.com/wp-content/uploads/2014/01/sirenita-dorada-de-Songkhla1.jpg

a popularización de esta imagen, más allá de la mitología o de las representaciones artísticas, hace que aparezcan algunos avistamientos históricos. Algunos se sitúan entre la ficción y la realidad, como las sirenas que le describieron Thomas Hilles y Robert Raynar, dos marineros, a su capitán, Henry Hudson, si hacemos caso al libro “Viaje hacia el Real de San Felipe.” (Delfante, 2009). Sin embargo, hay algunos reportes cuya veracidad es verdaderamente inconstestable. En una de las citas más famosas sobre estos seres mitológicos, Cristóbal Colón pensó que había atisbado a tres sirenas frente a su navío, aunque apuntaba que no eran tan atractivas como esperaba: “Cuando el Almirante iba a Río del Oro dijo que vio tres sirenas surgiendo del agua, pero no eran tan hermosas como dicen, pues sus rostros tenían rasgos masculinos” («Los manatíes inspiraron las leyendas sobre sirenas — National Geographic», s. f.). Aunque, incluso hoy y contra toda lógica, hay quien afirma que las sirenas existen, la teoría más plausible es que estos avistamientos, y muchos otros, de sirenas se correspondieran, realmente, con manatíes y dugongos, dos animales relacionados que los biólogos engloban en el grupo Sirenia (Illiger, 1811). La razón por la que estos animales pudieron inspirar semejantes leyendas tiene que ver con su comportamiento y con la superchería. Tanto manatíes como dugongos pueden erguirse en el agua, exponiendo fuera de la mitad superior de su cuerpo y, a veces, incluso la cola. Además, sus aletas terminan en algo parecido a dedos y pueden girar la cabeza al igual que los humanos. Todas estas características, en la lejanía, podían causar la impresión a los supersticiosos marineros2 de que estaban viendo sirenas («Los manatíes inspiraron las leyendas sobre sirenas — National Geographic», s. f.). Pero, ¿parecen realmente sirenas?

Lo que sabemos de los manatíes

Los manatíes y los dugongos son mamíferos, es decir, amamantan a sus crías, y, al igual que las ballenas y los delfines, desarrollan por completo su vida en el agua. A pesar de compartir el medio acuático con estos otros animales, los parientes más cercanos del manatí no son los cetáceos sino los elefantes y los damanes. Estos animales evolucionaron de un ancestro común con un modo de vida anfibio hace 60 millones de años (Liu, Seiffert, & Simons, 2008).

Actualmente, existen tres especies de manatíes y una de dugongo. Los dugongos viven en aguas del Índico y del Oeste del Pacífico y tienen la cola en forma de media luna, mientras que los manatíes se distribuyen en ambas costas del Atlántico, una especie en África y dos en América, y tienen la cola redondeada (Ilustración 3). Una de estas especies, Trichechus manatus, es el manatí del Caribe, que puede encontrarse desde el Norte de Brasil hasta la península de Florida (Husar, 1978). Por lo tanto, esta especie se extiende por toda la costa oriental de México. De hecho, antes de la llegada de los españoles, ya existía un vocablo nahuatl para referirse a este animal, “tlakamichin”, que, casualmente, también hace alusión a una quimera como las sirenas ya que significa hombre (tlaka) pez (michin) («Trichechus», 2015).

Ilustración 3: Diferencias físicas entre el dugongo y el manatí del Caribe. Puede apreciarse la forma de la cola que en el dugongo tiene forma de media luna y en el manatí es redondeada. Imagen extraída de http://cnho.files.wordpress.com/2010/07/diferencia-entre-manaties-y-dugongos.jpeg?w=595

Los manatíes pertenecen, junto con los dugongos, al orden Sirenia (Illiger, 1811). Sin embargo, su físico, realmente, recuerda poco al de las sensuales sirenas y uno de los nombres alternativos que se les adjudica a estos animales, y que probablemente les acomode mejor, es el de “vaca marina”. Este nombre, que es comúnmente usado tanto en español como en inglés, idioma en el que usan “cow” (vaca) y “bull” (toro) para referirse a hembras y machos, les fue adjudicado porque son los únicos mamíferos marinos que se alimentan exclusivamente de vegetales (Husar, 1978). Además, la forma de su cuerpo, además, es, como la de la mayor parte de animales herbívoros, semejante a un tonel y se afina en la región de la cola tomando forma de espátula (Ilustración 4).

Los manatíes del Caribe adultos miden entre tres y cuatro metros y pesan algo menos de 500 kilogramos. Tienen unos oídos extremadamente pequeños, de alrededor de medio centímetro de diámetro. Su piel es gris, lo que les ayuda a camuflarse en el agua, y rugosa, y muchas veces está cubierta de algas, ya que estos animales se mueven tan lentamente que las algas los toman como un sustrato sobre el que crecer (Husar, 1978). Además de las algas, aunque no lo parezca o no se aprecie en la mayor parte de las fotografías, su cuerpo está recubierto por pelos, como el de todos los mamíferos. Son animales típicamente solitarios, aunque pueden formar pequeños grupos.

A los manatíes no les importa vivir en aguas claras o turbias, saladas o dulces, siempre y cuando sean suficientemente cálidas (Husar, 1978). Como son mamíferos y, por lo tanto, necesitan acudir a la superficie para respirar aire, no les afecta que el agua esté llena de partículas. Además, ya que sus movimientos son lentos, tampoco ven impedida su movilidad por los materiales que se encuentran en el agua.

¿A qué peligros están expuestos los manatíes?

Los manatíes del Caribe están considerados una especie vulnerable a la extinción, según la IUCN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) y, por ello, se encuentran protegidos por

Ilustración 4: Tres manatíes del Caribe (Trichechus manatus) nadando. Se puede apreciar la forma de la cola, con apariencia de espátula. Extraída de https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTTcCYZf-YBvXXypX10mmNlyJb8B82h_mE4cVDR8V6PLgs7Q_xs

varias legislaciones. A finales de los años 70s, se censaron en México alrededor de 5000 de estos animales. Para finales de los 90s, la población había disminuido a aproximadamente 1000 individuos («Proyectos de conservación, recuperación y manejo del manatí Trichechus manatus en México», 2001). Los peligros que acechan a este animal no tienen mucho que ver con su modo de vida.

Cabría esperar que un animal de sus dimensiones, lento y con escasas armas defensivas, pudiera suponer una presa fácil para los depredadores. Sin embargo, aunque se ha reportado algún caso de ataque por parte de tiburones (Husar, 1978) y se sospecha que las orcas podrían alimentarse de ellos ocasionalmente, los manatíes viven en aguas donde los depredadores no suelen adentrarse. Por ello, a pesar de ser una presa grande y rica en nutrientes, los manatíes no tienen muchos problemas con los depredadores (Husar, 1978)

Como se ha comentado previamente, ni las algas que viven sobre su espalda ni la turbidez de las aguas parece afectar la supervivencia de estos animales, ya que no interfieren ni en su movimiento ni en su respiración.Los manatíes se alimentan de plantas que crecen en los lindes del cuerpo de agua en el que se encuentran, por lo que tampoco ven impedida su capacidad para detectar el alimento puesto que las plantas no suelen desplazarse demasiado.

Podría pensarse que, al ser extremadamente sensibles al cambio de temperatura, no pueden sobrevivir mucho tiempo en aguas con menos de 21 ºC, los manatíes podrían encontrarse amenazados por esta circunstancia. Cuando las aguas alcanzan temperaturas muy bajas para ellos, los manatíes se enferman fácilmente de neumonía o de bronquitis, y esto les puede causar la muerte (Husar, 1978). Con frecuencia, se encuentran animales varados, muertos por estos problemas respiratorios. Sin embargo, salvo que se encuentren aislados por aguas frías, los animales pueden migrar hacia aguas más cálidas cuando éstas comienzan a enfriarse y así evitan quedar expuestos a bajas temperaturas (Husar, 1978).

Pero, si no tienen problemas con la temperatura, ni con enfermedades, ni con su ambiente, ni con depredadores, ¿por qué están en peligro?

Como tristemente suele suceder en estos casos, es la interacción con el hombre lo que está amenazando la vida de estos animales. Históricamente, los humanos los hemos cazado con frecuencia para alimentarnos de su carne pero, salvo en contadas ocasiones, los niveles de caza no han sido tan altos como para poner en riesgo a la especie. Realmente, el mayor peligro al que están expuestos estos animales es a las heridas causadas por embarcaciones (Husar, 1978). Estos animales nadan en aguas poco profundas por lo que las embarcaciones con motores fueraborda pueden causarles laceraciones que pueden infectarse o, directamente, causarles la muerte. Como son animales de movimiento lento, aun cuando perciben el ruido son incapaces de reaccionar suficientemente rápido como para apartarse (Husar, 1978; Shackley, 1992). En 1989, el 10% de la población de manatíes en Florida murió por culpa de los impactos con botes (Shackley, 1992). Paradójicamente, el incremento del interés en el manatí por parte de los turistas hizo que se fletaran más embarcaciones y, en consecuencia, que aumentara el número de animales muertos y heridos. Los manatíes ahora enfrentan a muchas más perturbaciones, tales como buzos, canoas y helicópteros que, aunque son menos susceptibles de causar daños directos al animal, pueden provocar que éste varíe su comportamiento normal (Shackley, 1992) y pierda oportunidades de alimentación y de reproducción, lo que puede llevar a una disminución de sus poblaciones. Aunque las aguas de México son más turbias y, por lo tanto, es más difícil poder ver los manatíes, las barcas fueraborda pueden causarles el mismo tipo de lesiones que en Florida y una de las mejores maneras de cuidar estos animales es dejarlos tranquilos en su entorno.

¿Y, en México, qué?

Además de estas perturbaciones por parte de las interacciones de los manatíes en su ambiente natural, ha habido algún manejo indebido de los manatíes en la historia de México. Aunque puede resultar cómica la situación, imagínense la perturbación que causó al animal el siguiente suceso. En los años 70s, la Ciudad de México tuvo en los canales de Xochimilco una sobrepoblación de una planta llamada lirio acuático. Esta planta impedía a las trajineras avanzar libremente por los canales del lago, por lo que un recurso turístico como era la visita a estas aguas estaba viéndose mermado. Para controlar la expansión de esta planta, el gobierno mexicano decidió introducir al manatí para que se alimentara de ella. Más allá del peligro que supone introducir una especie en un ambiente que no le corresponde, las aguas de Xochimilco son demasiado frías para que el manatí pueda vivir y la mayor parte, si no todos, de los animales murió de neumonía («Proyectos de conservación, recuperación y manejo del manatí Trichechus manatus en México», 2001). Se dice que, incluso, estos animales fueron cazados para ser utilizados como alimento por los pescadores locales, aunque no hay reportes que sustenten esta afirmación. En todo caso, fue una mala decisión que hizo que se perdieran inútilmente las vidas de muchos manatíes.

Tú también puedes ayudar al manatí

El manatí del Caribe es un animal emblemático de México y de países cercanos, un habitante de estas costas desde antes de que los humanos llegaran a poblarlas. Estas sirenas han vivido en equilibrio con el ambiente durante millones de años y, en la actualidad, sus poblaciones pueden verse en peligro debido a la acción de las personas. Podemos evitar causar más daños reduciendo el uso de lanchas con motor fueraborda en los lugares donde podamos herir a estos animales y podemos evitar incrementar el impacto del turismo donde estos animales habitan. En el día Internacional del Manatí y, realmente, en cualquier otro día del año, tú puedes ayudar al manatí difundiendo la información sobre su origen para que todo el mundo conozca algo de este animal. Si compartes esta información, más gente conocerá a este animal, sabrá a qué peligros está expuesto y de qué forma pueden ser evitados.

Referencias bibliográficas

Andersen, H. C. (1969). La Sirenita. Tecnibook Ediciones.

Barba, M. Á. E. (2008). Arte y mito: manual de iconografía clásica. Silex Ediciones.

Delfante, C. B. (2009). El Viaje Hacia El Real De San Felipe. Clube de Autores.

Gresseth, G. K. (1970). The Homeric Sirens. Transactions and Proceedings of the American Philological Association, 101, 203-218. http://doi.org/10.2307/2936048

Homero. (2001). La Odisea. Ediciones Rialp.

Husar, S. L. (1978). Trichechus manatus. Mammalian species, 93, 1-5.

Illiger, J. K. W. (1811). Caroli Illigeri Prodromus Systematis mammalium et avium.

Liu, A. G. S. C., Seiffert, E. R., & Simons, E. L. (2008). Stable isotope evidence for an amphibious phase in early proboscidean evolution. Proceedings of the National Academy of Sciences, 105(15), 5786-5791. http://doi.org/10.1073/pnas.0800884105

Los manatíes inspiraron las leyendas sobre sirenas — National Geographic. (s. f.). Recuperado 3 de septiembre de 2015, a partir de http://www.nationalgeographic.es/noticias/manati-leyenda-sirena-foto-utm-source-yhoo-utm-medium-partner-utm-campaign-yhoo

Proyectos de conservación, recuperación y manejo del manatí Trichechus manatus en México. (2001). Recuperado 7 de septiembre de 2015, a partir de http://www.semarnat.gob.mx/sites/default/files/documentos/vidasilvestre/preps/Proyecto-Manati.pdf

Rodríguez Peinado, L. (2009). Las sirenas. Revista digital de iconografía medieval, 1(1), 51-63.

Shackley, M. (1992). Manatees and tourism in southern Florida: Opportunity or threat? Journal of Environmental Management, 34(4), 257-265. http://doi.org/10.1016/S0301-4797(11)80002-2

Trichechus. (2015, septiembre 1). En Wikipedia, la enciclopedia libre. Recuperado a partir de https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Trichechus&oldid=84828353

Varios Autores. (2013). Monstruos del mar. Ediciones Nowtilus S.L.

1Las sirenas, como la mayor parte de criaturas mitológicas, no son propias de una sola cultura. No obstante, son popularmente conocidas en la cultura occidental por influencia de la cultura griega. En el Antiguo Egipto o en Babilonia ya existían divinidades quiméricas mitad mujer mitad pez que, probablemente, inspiraron en parte la mitología griega.

2En los mapas marinos medievales, era costumbre colocar serpientes o dragones en aquellas regiones consideradas peligrosas o inexploradas. Incluso, en uno de los primeros globos terrestres, el globo de Hunt-Lenox, se encuentra la inscripción “Hic sunt dracones”, expresión latina que significa “aquí hay dragones”. Los marineros solían ser gente dada a creer en rituales y en fuerzas desconocidas, lo que da lugar a la expresión “superstición marinera”.

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