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La divulgación científica1 o como todo es relativo, como dijo Einstein

El rap aleja a los niños de las drogas pero, si el precio es que la música se llene de raperos, no estoy dispuesto a pagarlo. Ahora que hemos alejado a la gente sin sentido del humor, tratemos un tema serio. El comienzo no ha sido gratuito. Hay cosas que tienen un precio superior al valor de lo que aportan y una de ellas es la divulgación científica. Habría que acotar pues ésta no es siempre la realidad. En epistemes sociales una idea es válida siempre y cuando esté razonablemente sustentada por la lógica, siempre puede resultar enriquecedora aunque sea como ejemplo a refutar, pero esto no es extensible a las ciencias más tradicionales. Cuando hablamos de, por ejemplo, física, no todo vale. Los datos tienen que estar sustentados por hechos, ser capaces de predecir, y estas predicciones deben ser avaladas por resultados. Si una idea contradice un resultado, siguiendo un popperismo radical, debe ser descartada. En una teoría social, esto no tiene porque ser tan cerrado ya que observador y observado son la misma cosa y pueden influirse mutuamente. Su metodología, por lo tanto, no es idéntica. Difundir una teoría social, de hecho, puede ser sustento suficiente para esa teoría a posteriori (el marxismo funcionó de esa manera). En ciencia, definitivamente, no. Pero sucede.

Una teoría errada, bien vendida y repetida hasta la “sociedad”, puede adquirir suficiente peso como para desplazar teorías bien sustentadas con datos, o, más frecuentemente, puede desplazar a conjuntos de pequeñas teorías que tienen un ámbito de funcionamiento pequeño pero que se ajustan a los hechos. Esa teoría socializada adquiere potencial de paradigma y puede arraigarse con tal fuerza que resulte virtualmente imposible desbancarla. Un aval de pocos datos, una carencia de predicciones, con los hechos en contra y muchas hipótesis insostenibles salvo en el mundo racional puede cuajar estableciéndose en los vacíos de conocimiento que quedan tras una aplicación precisa del método. La creación de hipótesis ad hoc, es decir, tras el conocimiento de nuevos datos que parecen contradecir el sustento de la teoría, puede mantener ésta contra toda lógica. Supone la construcción de una casa colocando antes que los ladrillos el cemento que los une, ignorando aquellos que no encajan en la idea del edificio o colocándolos donde no molestan. Es decidir la forma del puzzle antes de tratar de encajar las piezas. Esto, sin duda, modifica la forma de ver el puzzle y construye una casa endeble, a la que cada vez hay que aplicar nuevas capas de cemento para fijar estructuras. Cuando una teoría se ha socializado lo suficiente, posicionarse a favor o en contra es más una decisión religiosa: sólo si la aceptas eres científico. Las alternativas desaparecen, ya que la ciencia no es inmune a la sociedad. Es una herramienta del hombre y la humanidad de éste no puede excluirse de la ecuación. Por ello, para la ciencia se estableció un método, o un conjunto de ellos, que deben funcionar como un código deontológico. Sólo de esta forma puede reducirse, aunque no se excluya, la influencia de lo irracional en la ciencia2. Sólo tiene sentido que la gente adepta a este método pueda manejar el conocimiento científico.

Implantar una idea científica a través de su difusión en el mundo no científico no debería ser un arma legal en la ciencia. Cuando el conocimiento rebasa los lindes del mundo científico y se introduce en una sociedad en la que las reglas del juego difieren, en la que no hay un código metodológico, una sociedad en la que muchas personas consideran que las supersticiones astrológicas o religiosas tienen el mismo valor como conocimiento que las teorías o hipótesis, las ideas científicas se devalúan, se desdibujan sus conceptos. La evolución de las ideas, que en ciencia debe estar supeditada a unas muy determinadas reglas de juego, queda a expensas de gente laica. No habría problema en la transmisión si estos laicos fueran impermeables al conocimiento pero, que no posean el criterio científico, no excluye que sean capaces de entender lo que se les explica. Puede evaluarse, incluso, lo que se ha transmitido. Esto podría ser suficiente para establecer que el conocimiento adquirido es genuino y que las ideas que traspasan los muros de confinamiento del mundo científico pasan con todo el peso que les han conferido los datos. No obstante, estas ideas no quedan retenidas en este punto. Una vez que las vías de comunicación y del interés están abiertas, las personas pueden transmitir en segunda instancia el conocimiento que han adquirido, expandiéndolo más allá de la zona controlable por el divulgador científico. Los padres explicarán estos conceptos a sus hijos, los amigos comentarán lo que han aprendido… En esta segunda fase, se fijan conceptos erróneos, se difunden e influyen a las generaciones que, posteriormente, van a crear ciencia nueva. El muro de confinamiento que ya fue traspasado en un sentido es susceptible de ser traspasado en el contrario. Este es un riesgo que asumen quienes divulgan ciencia a cambio de que incremente la comprensión del trabajo científico y la financiación de los programas de desarrollo. Si la sociedad entiende la importancia de la ciencia, el apoyo que tiene por parte de ésta aumenta. Sin embargo, yo no estoy dispuesto a asumir el precio. La divulgación aleja a la sociedad de la incultura científica pero, si el precio, finalmente, es devaluar el conocimiento científico, no compensa.

 

Esto no pretende ser un trabajo bibliográfico exhaustivo, sólo es la opinión del autor. Puedes profundizar más en estas ideas en los artículos científicos de libre acceso como los siguientes:

“Los niños reestructuran los conceptos con base en la nueva información…” Cita traducida de: Åsa Larsson y Ola Halldén. A structural view on the emergence of a conception: Conceptual change as radical reconstruction of contexts. Science EducationVolume 94, Issue 4, pages 640–664, July 2010. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/sce.20377/abstract

Eve Kikas. Teachers’ conceptions and misconceptions concerning three natural phenomena. Journal of Research in Science Teaching. Volume 41, Issue 5, pages 432–448, May 2004. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/tea.20012/epdf

Gavin Nobes y Georgia Panagiotaki. Adults’ representations of the Earth: Implications for children’s acquisition of scientific concepts. British Journal of PsychologyVolume 98, Issue 4, pages 645–665, November 2007. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1348/000712607X178119/epdf

Si no son de libre acceso en su país, comuníquese conmigo y se los facilitaré.

 

Notas al pie

1 La divulgación científica consiste en la facilitación y adaptación del conocimiento científico para que las personas que no están familiarizadas con éste sean capaces de comprenderlo y asumirlo. No debe confundirse con la difusión científica que consiste en el traspaso de información y conceptos entre diferentes campos de la ciencia ni con la educación científica, que consiste, o debería consistir, en la comprensión del método científico y en la adquisición de conocimientos científicos ya establecidos, criticándolos a través del método. Como autor, estoy a favor de la difusión de la ciencia y me parece algo necesario para el crecimiento de ésta y también estoy a favor de la educación científica reglada durante toda la formación del individuo, de forma que todo el mundo pueda ser capaz de filtrar el conocimiento de carácter científico que le llegue con posterioridad. Quizá, tras la aplicación de esta utópica educación, la divulgación científica me parecería algo muy positivo y que debería fomentarse.

2 Lo irracional no debería excluirse del conocimiento general pero sí debe excluirse del conocimiento científico. A su vez, el conocimiento científico no es el único tipo de conocimiento adquirido por los sentidos, ni el único válido, pero si se quiere generar un conocimiento de estas características debe funcionar siguiendo el criterio establecido.

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