Muchas veces estamos realmente cómodos en una conversación con un desconocido y, repentinamente, todo lo que parecía empatía se trunca sin saber explicar por qué. Nos recorre la médula una suerte de rechazo, probablemente compartido, que nos impide comportarnos normalmente. Sin embargo, como desconocemos la razón, nos convencemos de que debemos seguir manteniendo el trato cordial aunque nos resulte sumamente desagradable. A continuación, podéis leer cinco cosas que convierten a un desconocido agradable en un completo idiota.

1. Quejarse de su trabajo.

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¿Cuántas veces no nos hemos hartado de una persona que no hace más que quejarse? ¿Y si esa persona es un desconocido? ¿Cómo decirle, y cuándo, que hemos tenido suficiente de sus problemas? Los desconocidos no nos conocen, si les damos rienda suelta no sabrán cuándo detenerse. Debemos marcar límites.

2. Una barra de metal atravesándole el cráneo

¿Qué hay más molesto que estar teniendo una conversación y que nuestro contertulio empiece a decir pura estupidez porque una barra de metal le ha atravesado el cráneo?

3. Que nos apunte con un arma

Tienen razón, es peor que nos apunte con un arma. Por lo menos, la barra le afectaba a él y a nosotros sólo mediante el interfecto. Pero hay algo aún más odioso.

5. Que se ría de nosotros con un artículo sobre 5 cosas que convierten a un desconocido agradable en un completo idiota

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Y hay un +1

6. Que haga la típica bromita de “te has saltado el 4 y no te has dado cuenta”

 

Como podéis suponer, esto no tiene intención de ser una verdadera lista, de ésas en las que se trata de ordenar una serie de cosas o ideas sin que, realmente, haya un razonamiento detrás. Simples formas de generar polémicas (insustanciales) y visitas. Llamemos a esto, si queréis, experimento de tendencias. Es algo que me preocupa, realmente.

Las listas cortas, llenas de objetos inconexos, son una de nuestras nuevas forma de lectura. Ya me quejé de algo parecido hace tiempo, en generación Paulo Coelho, y en dos años, Internet me ha dado más de una segunda taza de caldo ¿Somos realmente incapaces de centrarnos en un texto razonado? O, acaso, la cuestión es que vivimos en un mundo tan acelerado que preferimos tragar datos a gastar más de dos minutos comprendiendo ideas. O estamos tan enajenados, alejados de la gente que tenemos cerca, que queremos indagar en la mente de alguien que nos resulta ajeno o, peor aún, anónimo. Quizá un poco de cada una. Todas igual de preocupantes.

Si lo hacemos para ahorrar tiempo (más bien para desperdiciar menos porque, al cabo, no obtenemos ningún beneficio salvo entretenimiento que no deja poso), debemos ser conscientes de que estas listas guardan una trampa. Aunque parece que nos indican cuánto tiempo vamos a dilapidar (una lista de 10 cosas…3 minutos), una lista enlaza a otra lista. ¿Qué son otros tres minutos?

Si lo hacemos para tragar datos, las listas generalmente no aportan más que generalidades burdas, ni siquiera algo remotamente interesante. Podemos aprehenderlas con cierto interés si las consideramos como un estudio sociológico. ¿Alguien lo ha realizado de esa forma? Sé que sí pero, también, sé que no quien me lee. Y no hace falta decir lo delirante que resulta tratar de entender la mente de alguien anónimo sin conocer su circunstancia.

Si lo que buscamos es echar el rato, podemos, después, criticar su lista. Entretenernos enajenándonos, discutir contra algo expuesto sin razones y, en consecuencia, rebajándonos a la carencia de razón.

Compartan si se preocupan. Si, en cambio, les gustó la lista, discutan ¿qué otras cosas crees que convierten a un desconocido en un completo idiota? Acepto insultos.

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