El pasado a trompicones por mis venas

se agita en el instante en que te veo.

Las razones intestinas te reclaman.

 

Concupiscible eres, la rosa que marchita y tu fragancia

excita tanto mis sentidos que me acaba;

una sombra que aún me inspira a estrofas llenas.

 

No sé si es tu boca que me mira con un ansia especular

o un espejismo que percibe solamente mi mirada…

Me gustaría ser tan simple que supiera claudicar.

 

Tus ojos me sobrepasan, ignorantes,

desafiando con insolencia el palpitar de tus labios

¡tengo derecho a recordarles que me debes el mar!

 

Pero pasas de largo y acribillas con tu indiferencia,

quizá sin percibir que yo te miro,

subrayada en cada verso por tu perfume.

 

Te desdibujas y yo sé que volveremos a no encontrarnos,

volverá la sangre a desbocarse en mis arterias

y volverás a ser mi insatisfecho anhelo.

 

Aunque te agites y te desprendas de mi presente,

y aunque mi logos estabule mi deseo,

queda tu vela prendida en el oscuro cuarto del recuerdo.

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