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–Wuuuuhu. Tendríais que poder ver esto –dijo al entrar y dejar un objeto clavado en el umbral.

Seis segundos después le llegó la respuesta:

–¿Ver qué, García?

–Todo. Este cacharro tiene más de cincuenta años, todo parece como hecho por un niño. No puedo creer que funcionara. Es un juguete enorme.

Otra vez la respuesta se demoró:

–¿Hay algo interesante?

–Define interesante. Esto es como un sueño. Todo –remarcó– es interesante.

–¿Ves la fuente de la reverberación? –respondió la voz al otro lado del comunicador.

–Dame tiempo, acabo de entrar. Voy a tomar una fotografía, esto merece que lo veáis.

–No te entretengas. Recuerda que no sabemos cuánto tiempo tenemos.

–Está bien. Comienzo –desplegó una pequeña pantalla en su muñequera y comenzó a desplazarse por la sala–. Sección primera: el cuarto parece un recibidor, aunque la puerta de aislamiento está descoyuntada. La tecnología interior es muy anticuada, pero parece funcional. Presenta unas cuantas quemaduras por armas de corto alcance…diría que láser. También hay restos de munición mecánica clavados en las paredes y agujeros. No hay cuerpos.

–García, ¿me escuchas?

–Sí.

–No queremos una descripción del sitio. Entra y sal.

–Sí, señor.

García cerró la pantalla y trató de moverse con mayor velocidad. No había atmósfera dentro del pecio, pero ése no era el mayor de los problemas, podía desplazarse impulsándose con los pequeños motores que llevaba acoplados a su traje. Sin embargo, había cables colgados descubiertos por todos sitios. Si aquella fuera una nave oficial no habría pasado los controles mínimos de seguridad. Las lecturas sobre actividad que habían obtenido antes de comenzar aquella exploración, no le permitían a García estar segura de que la nave estuviera absolutamente apagada. Un chispazo de aquellos cables podría hacer arder sus dos tanques de oxígeno, a pesar de todas las protecciones que incorporaba el traje. Pero no era la primera vez que García se movía en ambientes semejantes y estaba bien equipada. Sacó de su cinturón el extremo de un delgado cable de plástico y el dispositivo lo disparó contra una pared lejana. García ahora podía utilizarlo como punto de apoyo junto con el arpón de la entrada. No obstante, el recibidor no tenía ninguna información que pareciera de interés y el objeto que había producido aquellas lecturas inusuales no era ninguno de aquellos cables, aunque García lo comprobó rutinariamente, por lo que se movió a la siguiente habitación.

Si el primer cuarto le había sorprendido, el segundo le fascinó. Las piezas se encontraban unidas unas a otras mediante extraños ensamblajes y no tenían, ni mucho menos, la precisión en el montaje que esperaría de una nave de la armada. Le parecía improvisado y desastroso y, por ello, más interesante. Tuvo que sacudir la cabeza para no quedarse analizando cada una de las piezas. Tras recordar el propósito de su misión, volvió a percatarse de que en la segunda habitación había evidencias masivas de un combate.

–Sé que me ha dicho que no haga la crónica, señor, pero esto es altamente inusual. El asalto debió ser brutal, no parece que fuera un acto de piratería. Y no queda un solo cuerpo.

–Comprendido, García. Hemos capturado las coordenadas y hemos dejado un mensaje pendiente. En cuanto salgamos de la zona de influencia de la tormenta, se enviará. Pero, ahora, dése prisa. Hay un objeto que se acerca erráticamente y NUT no consigue identificarlo. Tiene media hora para concluir la búsqueda y cinco minutos más para alcanzar la nave.

–De acuerdo, señor.

García siguió siendo metódica en sus movimientos para evitar exponerse innecesariamente, pero comenzó a prestar atención a su radar para dirigirse lo más rápidamente posible al punto que mostraba las lecturas más altas. Los pasillos, al menos, estaban libres de cables desnudos y eso facilitaba que su avance fuera más rápido. Cuanto más se acercaba a su objetivo, las paredes se encontraban más agujereadas y manchadas. Trozos de sangre seca del suelo se desprendían cuando los rozaban al caminar. Así pues, su paseo iba acompañado de costras voladoras. Sin embargo, García no prestó atención a los coágulos. Su vista se había enfocado en el centro de la sala que tenía enfrente. Por fin lo había localizado.

–Lo que sea que es, lo tengo enfrente. Voy a tomarlo y me dirigiré a la salida.

No esperó la respuesta. Comenzó a moverse con precaución hacia aquel objeto. Se encontraba sometido a un campo de energía todavía activo, generado por la columna metálica en que estaba inserto. García se detuvo para mirarla con detenimiento porque la tecnología de aquella máquina contrastaba con toda la utilería que había visto en la nave. Los acabados que tenía estaban perfectamente ensamblados, sin ninguna arista o cable sobresaliente y la única brecha que presentaba era por la que fluía aquella energía azul.

–Recójalo y salga corriendo, García. Se acerca una nave, parece de combate, y no se identifica. Su rumbo ha dejado de ser azaroso y se dirige hacia nosotros.

(continuará)

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