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En la Naturaleza, los animales compiten; tratan de arrebatarse los recursos, que crecen aritméticamente, imponiendo su demografía geométrica al más débil. Hablar desde estos términos es imponer un esquema que puede facilitar un acercamiento por analogía en un primer momento porque, de alguna manera que me frustra no comprender, tenemos más vívida la economía en nuestras vidas que la naturaleza. Sin embargo, a medio y largo plazo, coarta nuestra capacidad para conocer la Biología. Cada palabra tiene su trasfondo y, ahogados en el sistema capitalista que hemos aceptado como el natural, es fácil asirnos a que la economía tiene su eco fuera de lo humano. Cuando dos animales luchan para poder aparearse con un tercero, son dos capitales compitiendo, lanzándose OPAS, tratando de asfixiar al otro para poder ampliar su negocio. Si lo consiguen, habrán extendido su poder y podrán realizar una inversión reproductiva porque, al fin y al cabo, los genes, como moléculas inteligentes que son, piensan siempre en sí mismos y en los posibles beneficios que el mercado les puede reportar. Porque…esto tiene sentido, ¿no? Mucho más que si pensamos que la pelea es producto de sus instintos y los instintos son un subproducto del desarrollo cerebral.

El problema de hablar de instintos sin fundamentarlos en procesos económicos es que se muestran inasibles. Por alguna razón, el comportamiento de los demás animales de acuerdo con sus propios esquemas mentales nos es inaccesible. Quizá, por encontrarle una explicación de perogrullo, se me ocurre que es porque son diferentes y, a su vez, es diferente su forma de pensar.

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