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Partamos de una premisa básica (verdadera o no):

El carácter teleológico (es decir, que tenga un fin que se trate de alcanzar) de una idea en ciencia es suficiente para descartar la validez de la teoría.

Ejemplo de uso:

Lamark defendía que los cambios evolutivos buscaban el perfeccionamiento de cada órgano. Por lo tanto, la teoría lamarkista es inválida porque posee un fin.

Ejemplo 2 de uso:

Los darwinistas afirman que su teoría evolutiva es ajena a la teleología. Por lo tanto, su teoría es ajena a la teología. Por ello, su teoría no puede ser descartada por ser teleológica.

Sin embargo…

Objeción al ejemplo 2.

La Selección Natural funciona como una criba que elimina a los menos aptos mediante una miríada de mecanismos impredecibles (sólo pueden destacarse “a posteriori”). Estos mecanismos pertenecen al ambiente. Permitidme dar un salto hacia delante, como si hubiera trasladado el final de este párrafo al final del texto y correspondiera poner ahora el ejemplo que lo explicaría:

De forma simple, que no simplista, podemos tener una caja con una población de 500 bolas. La mitad blancas, la mitad negras. Tras pasar un periodo determinado de tiempo (en el que cada bolita da lugar a una bolita hija, y ésta a otra, y a otra…) tenemos en la caja 300 bolas negras y 200 blancas. La Selección Natural (de nuevo por un mecanismo desconocido “a priori”, pero ahora supondremos que es porque se camuflan mejor) ha provocado que exista una mayor negritud (si me aceptáis la palabra) en el conjunto de la población de bolas. La adaptación, por lo tanto, desplazó la negritud de la población hacia un estado más adaptado al ambiente que lo seleccionó. El cambio no fue impulsado sino que fue “jalado” hacia un fin. Es decir, lo evolutivamente “más correcto” en el momento en que fueron seleccionados era ser una bola negra. Existe, por lo tanto, un fin.

No obstante, de nuevo por mecanismos que desconocemos, tras un nuevo periodo obtenemos que las bolas blancas vuelven a predominar. El nuevo estado de corrección, esta vez, era el ser bola blanca (supongamos que porque reflejan la luz, no sé…o cualquier otra cosa; no hagáis mucho caso a los paréntesis). Hubo de nuevo un fin, aunque este fue modificándose.

Sería como si en una carrera todos fueran hacia una misma meta pero, con en un momento arbitrario, la meta cambiara de posición. Y fuéramos matando a los que más lejos estuvieran de ésta (esto por diversión, claro. Podríamos dejarles correr un rato más). Siempre existiría la meta, aunque el posicionamiento de ésta más allá del momento mismo fuera impredecible desde dentro del pelotón.

Ahora sí, el final de párrafo que faltaba. El darwinismo no tiene uno sino múltiples fines que se van sucediendo con el tiempo. Que estos fines sean inalcanzables o truncos porque, posteriormente, el fin cambie no resta la existencia de éstos. Es como si el uso del motor en cohetes espaciales negara el fin original de que se investigó para crear propulsores de bombas. La aparición de un segundo fin no niega el primero (1).

Por lo tanto, en el día de “jugando a las premisas”, podemos decir:

El carácter teleológico de una idea en ciencia es suficiente para descartar la validez de la teoría. Ya que la teoría darwinista tiene múltiples fines, ésta es múltiplemente inválida.

Y ya que “los darwinistas afirman que su teoría evolutiva es ajena a la teleología”, podemos afirmar que su opinión, en general, carece de sustento lógico (¿quizá estoy haciendo una generalización precipitada?).

O, si preferís, podemos jugar a otras premisas… Como veáis, me vais diciendo.

Fin

 


1 Más allá de este texto, no demasiado serio, nos encontramos con que el propio Darwin no era demasiado claro en cuanto a su postura teleológica. La frase “selection acts for the good” se repite con cierta frecuencia así o en sus variantes en su texto; y…este… también afirmó su postura sobre la teleología en sus tratados de botánica “The meaning or use of the existence in Primula of the two forms in about equal numbers, with their pollen adapted for reciprocal union, is tolerably plain; namely, to favour the intercrossing of distinct individuals. With plants there are innumerable contrivances for this end; and no one will understand the final cause of the structure of many flowers without attending to this point” (Darwin, 1861. On the Two Forms, or Dimorphic Condition, in the Species of Primula, and on their remarkable Sexual Relations).

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