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Ay, de mi ola,

tan volitiva, tan ávida;

con sus idas y vueltas,

con su lata inconstancia.

 

Ya todos aceptan

que quiere cambiar

una vida de sal

por un nicho de arena;

 

jugar a empezar

bajo el sol implacable

una efervescencia de sentido fugaz

convertida en condena.

 

Y transformarse en vapor,

y perderse en el viento,

aunque no deje huella.

 

Frente a este efímero yo,

actúo para representar

una roca de sal imperecedera;

 

le postulo constancia.

Le digo que también fui ese mar,

y también me asfixiaba,

y agité mis mareas.

 

Pero no soy agua brava

y de aquel pretérito

quedan sólo resacas.

Y no se las cree

 

porque no las ha visto,

porque ya las controlo.

Y la dejo romper en las rocas

y saltar en rocío.

 

Ay, de mi ola,

la veo romper y empezar a bullir.

Mientras, alboroto los fondos.

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