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La conocía por fotos

de cuando anduve entre rejas.

Quizá yo era de los pocos

que aún tenía su cabeza

para pensar en retozos

sin nuestro Nina, “la Reina”.

 

Cruzábamos agasajos

en nuestras largas endechas

pero venció mi arrebato

a mi ternura y paciencia.

Por exceso de delirio

acusó falta de flema:

 

-Con esos hermosos ojos

¡cómo deben ser tus tetas!

Areolas como galletas,

pezones de malvavisco…

¡quién les diera un buen mordisco

por dar virtud a tus quejas!

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