El descabellado arte del harakiri

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La vida es un adorno

que acompaña una carcasa.

No alcanzo a valorarla en pleno

si lo que importa está de paso

y permanece lo inane.

El para qué pensar de más,

el para qué los esmeros

se agolpan en mis silencios.

Frente a mí, la mar.

Me siento al Sol y desvarío en el sitio:

¿qué hay más inútil que el arte?

Y, mientras pienso, el astro me dice adiós

dejando sobre las aguas una estela trémula

de belleza sublimada. Y breve.

Esa cadena de pensamientos me acercan

hasta la mar, ida y vuelta.

Y, de regreso, hace frío.

Lo que se va no retornará;

al menos, nunca a esta playa,

sólo nadan a contracorriente las ideas;

éstas viajan cuanto quieren,

porque no saben cargar lastres

porque no atienden a los cuerpos.

Para ellas, el océano es sólo un lienzo

y se remojan y vuelven

destintando las olas.

¡Qué quieta las espera la mar!

Cuando se cierra la noche,

se atreven a enseñar su rostro

las luminarias del cielo.

No les pregunto, soy consciente

de que no responderán nada.

Las más firmes de entre ellas

ni siquiera variarían su brillo

aunque les llegaran mis dudas.

Y, entre titilares, una en fuga

hace un espasmo evanescente.

Sabe que la miré y ella me mira

en el momento en que su reflejo

se extingue entre la marea.

Voy acreditando mis ciclos

y la mar nunca se mueve,

aunque cada vez está más cerca.

<<¿Cómo juzgarle su hambre?>>

digo, al fin, afilando mis palabras

mientras me voy adiestrando,

al compás de cuanto observo,

en el descabellado arte del harakiri.

Abismos prestados

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El oscuro abismo que nos separa

está plasmado en tus días

y en los míos.

Es una plasta de seda,

una lánguida cadena

que nos conecta.

Ese foso sombrío ante tus murallas,

ese pozo negro pos de mi río,

una empalizada de ínclitas ausencias,

nos impide alcanzar lo que está dicho.

Queda un rayo sutil de ser volitivo,

un poder sensorial que rasgaría ese lienzo,

y transmitir al fin por qué siento frío

y comprender de golpe por qué estás cansada.

Las palabras que parten romas llegan aceradas,

las afila la costumbre de no utilizarlas.

El pozo se aguza;

la luz que le prestamos

lo hace más insondable.

¿Es que nadie va a pensar en las ciencias?

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#YODEFIENDOLABIOLOGIA

Para una sana comprensión lectora. Hay que defender a la Biología porque últimamente nos la meten en cada embolado… Pero, lo primero que hay que hacer es entender sus debilidades.

La Ciencia no es magia ni puede buscar la Verdad. No hay esa Verdad, al menos desde un punto de vista científico. La Ciencia busca y aplica un método y ese método puede ir variando de acuerdo con la sociedad en la que esté integrado, siempre, eso sí, tratando de mantener un criterio de falsabilidad y aspirando a un empirismo objetivista.

Axioma I: la Biología es una ciencia, por lo tanto, no aspira a la Verdad.

Axioma II: si no aspira a la Verdad, es falible.

Axioma III: ser falible es normal y reconocerlo nos ayudará a mejorarla.

Bien, una vez establecidos estos axiomas, pasemos al punto en cuestión. Aquí el salto conceptual es grande. La Biología no define cuándo un humano empieza a ser humano. La Biología puede describir lo que ve, pero Humano es un término de otras áreas filosóficas. Persona, también. Igual, no define géneros, describe genitales y patrones comunes.

Sí, en algún momento dio sentadas muchas cosas. Pero esto es porque es un elemento humano, sesgado por Ideologías igualmente humanas. No es igual la ciencia en la época victoriana (matemos lo que no sea como nosotros para ver qué era), que en el comunismo o que en la actualidad. Todas acumularon conocimiento, conceptos y, casi siempre, generaron prejuicios que posteriormemte incapacitaron mentalmente a sus propios practicantes.

Hubo y hay Ciencia cristiana (buscan satisfacer su ideología al analizar los datos) y atea. Inconscientes, por desgracia. Igualmente, eso pasa pasa con la Biología. Ser consciente de que somos subjetivos es lo que puede ayudar a la ciencia. Reconocer sus debilidades para poder soslayarlas.

Sin embargo, cabe recalcar que los juicios que se ejerzan usando esta ciencia sesgada provienen de la ideología de fondo. La ciencia debería ser aséptica y ajena a los prejuicios. Esto es una entelequia. Por ello, sus conclusiones deben quedar dentro del ámbito de la falsabilidad. Sin embargo, esgrimir que la ciencia defiende algo es por una parte estúpido y, por otra parte, estúpido. Sí, dos veces:

-La ciencia no defiende: debe dejarse atacar libremente para poder avanzar. Y sí, la atacaremos con las hipótesis que salgan de nuestras ideologías más modernas. Y algunas darán respuestas congruentes, otras no.

-La ciencia no defiende: es el humano que da sentido a los datos de acuerdo con su Realidad quien agrede o defiende. Pero esa Realidad debe abandonar la ciencia como arma y reconocer su ideología.

La persona puede definirse por Derecho, por Religión, por Sociología… Nunca por Biología. Y se define en estas ramas sociales porque su objeto de estudio es abstracto y necesita definirse para poder ser trabajado.

No hay persona ni humano desde la concepción. Hay fecundación/fusión de dos gametos. No hay solo hombres y mujeres. Hay genitales. Hay etología. Hay cultura. Hay cerebros. El color de tu pañuelo se la refanfinfla soberanamente a la Biología. Así que no trates de confundir con el origen de tus argumentos.

La Biología no defiende la vida humana. La Biología no ataca a la vida humana. Lo humano es filosófico, no biológico. No metas tu Ideología en la “nuestra”*. Y acepta que, antes de buscar datos, ya tenías tu postura establecida.

*Nuestra: dícese “de nosotros”. Por aquello de que los que hacemos ciencia también tenemos algunos preconceptos que no podemos llegar a extirpar (esta nota tiene nombre y apellidos; mofa y escarnio también… un poquito de cada, una miajita).

Reseñables 2

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Esta vez va de series, para entretener su cuarentena. Primero les pondré un pequeño resumen y, a continuación, las razones por las que no deben perdérsela:

 

The Sotiety (“Sociedad de saciedad” en España; “Peces gordos” en Latinoamérica)

Directores: Ian Slim, Joe Gordon.

Carlos acude por primera vez a un club de comedores compulsivos aconsejado por su amiga Ana, a la que acude aterrorizado tras enterarse de que fue la diabetes la que mató a su padre. Sin embargo, no todo irá como preveía. En lugar de odiar comer, con sus nuevos amigos, superará el miedo a la muerte. Sumérgete en la aventura del comer. Simplemente deliciosa.

 

De regalo:

High Satiety (“Alta saciedad”, en España; “Sabores de los ricos” en Latinoamérica)

Directores: Ian Slim, Joe Gordon.

La segunda y última temporada de “The Sotiety” da un salto cualitativo y nos cuenta el asalto al poder por parte de los miembros del club. Al grito de “cómete el mundo”, consiguen crear una revolución pacífica contra el status quo. Los programas de prevención de la diabetes y de fomento del deporte son anulados por el “lobby obeso” y pasan a ser considerados como ofensivos. De bocado en bocado, van devorando a cualquier rival que se les ponga por delante, desde el pequeño gimnasio de la esquina hasta las grandes clínicas de rehabilitación para la obesidad. Sus razonamientos son tan obvios que caen por su propio peso.

¿Por qué verla? Aunque habría mil argumentos, el definitivo, para mí, está en el que considero que es clímax en la segunda temporada (Capítulo 6). Atención al “spoiler”. Ana, al dejar de ser exigida por los cánones de belleza y superar con ello su trastorno de ansiedad, comienza a adelgazar de forma natural. Como Carlos no quiere que se convierta en una marginada social, la obliga a seguir una dieta de engorde. La presión para comer genera en ella tanta ansiedad que vuelve a recaer en el trastorno que la hizo obesa. En el último momento del capítulo, cuando se está votando su exclusión de la High Satiety, aparece oronda y cubierta de mantequilla de los pies a la cabeza. Un giro brillante.

 

 

La luz en la prisión

Dirección: Blanca Lamar. Guión: María Elfavor.

Marco es un psiquiatra que lleva veinte años encerrado en su casa en el pueblo. No ejerce porque se negó a hacer su juramento hipocrático y vive de lo que gana publicando libros de interacción social. Los vecinos sólo lo conocen de las juntas, y sólo le hablan para exigir pagos. Con la llegada de COVID-19 y una desafortunada casualidad, todo el pueblo se entera de sus estudios y se le obliga a atender pacientes. Durante la primera y única temporada, veremos su continuo intento de evadir a los otros habitantes mientras trata de encontrar una vía de escape del pueblo.

¿Por qué verla? Blanca Lamar crea una comedia profundamente oscura en la que la única persona que desea el aislamiento se le obliga a una interacción continua con gente a la que no quiere ver ni en pintura. Juega con la empatía para mostrar al doctor como el victimario cuando todo lo que desea es que la gente siga las indicaciones generales y le dejen vivir tranquilo. Su ritmo, acelerado e inquietante, esconde una profunda sátira sobre el control social. No dejes que se esconda: ¡oblígala a salir!